Un estudio realizado en los Pirineos franceses desvela cantidades de microplásticos no muy alejadas de las que se han contabilizado en París y ciudades de China. Por Fátima Uribarri

Los microplásticos nos rodean

Bernadouze es una estación meteorológica del Parque Natural Regional de los Pirineos del Ariège, en Francia. El pueblo más cercano, Vicdessos (de 500 habitantes), queda a seis kilómetros. Este sitio remoto ha sido elegido por un grupo de investigadores del Ecolab de la Universidad de Toulouse, que durante cinco meses han recogido muestras para analizar la pureza del lugar. Su desconcierto ha sido mayúsculo: la nieve, el viento y la lluvia han depositado allí una media de 365 partículas plásticas por día y metro cuadrado. Han contabilizado 40 microplásticos por metro cuadrado de un tamaño de 200 micras, un dato no muy alejado de los 100 microplásticos de ese tamaño que se han contabilizado en París y los 228 de Dongguan (China). Lo encontrado en los Pirineos procede de objetos de un solo uso: embalajes, film y fibras textiles.

La contaminación podría ser incluso mayor porque como dice Steve Allen -coautor del estudio-: «Estos datos se basan en la velocidad de deposición de las partículas de polvo, que son mucho más pesadas que los microplásticos». Esto quiere decir que han analizado lo depositado en el suelo y que en el aire es muy probable que haya más microplásticos. Además, el estudio demuestra que estas partículas viajan hasta casi 100 kilómetros de distancia. Es el fin del aire puro.

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