¿Cómo era el rostro de Leonardo da Vinci? ¿Por qué no le gustaba retratarse? Escondió su semblante en el cuadro de la Mona Lisa? Cuando la Tavola Lucana -quizá el único autorretrato del artista florentino- está a punto de llegar a España por primera vez, viajamos a Italia para descubrir el último gran misterio del genio del Renacimiento. Por Daniel Méndez

-Lleva el cuadro a que lo limpien y me avisas cuando esté listo.
-Pero si ya lo he restaurado.
-Precisamente. Tienes que eliminar ese trabajo de restauración.

Nicola Barbatelli, director científico del Museo delle Antiche Genti di Lucania, había sido llamado por los herederos de una familia noble de Basilicata, en el sur de Italia, para examinar su colección de arte. Entre aquellas piezas se encontraba el retrato de un hombre de larga barba y tocado con un sombrero. Durante mucho tiempo, sus propietarios pensaron que se trataba de Galileo Galilei.

«No le di ninguna importancia. Pensé que era una pieza del siglo XVIII o posterior», cuenta Barbatelli. No fue el único en restarle valor: sus propietarios habían tratado de subastarlo, sin éxito, por mil euros. Sin embargo, cuando este experto en Leonardo vio la pieza de nuevo una vez restaurada -o, digamos, ‘re-restaurada’- se llevó una sorpresa: el cuadro guardaba un notable parecido con el célebre retrato de Leonardo que se conserva en la Galería de los Uffizi de Florencia. Evidentemente, uno se había copiado del otro… o partían de una misma inspiración.

Controversia académica

Hoy, diez años después del descubrimiento de la Tavola Lucana -como se conoce a este temple sobre madera de 40 centímetros de ancho por 60 de largo- es considerado como uno de los pocos autorretratos existentes de Leonardo. O el único, según algunos académicos. Otros estudiosos, igual de renombrados, sostienen tesis contrarias. Y defienden el Autorretrato de tiza roja que se halla en la Biblioteca Real de Turín. Otros ‘contendientes’ se han quedado por el camino. Es el caso del supuesto autorretrato de la Galería de los Uffizi. Desde que se tiene noticia de él, en 1715, se tuvo por auténtico durante dos siglos. En los años treinta del siglo XX, sin embargo, se comprobó que era muy posterior a Leonardo.

Hay mucha controversia en torno a estas obras. Intervienen académicos e historiadores, pero también laboratorios de rayos X y análisis de carbono 14 que diseccionan pigmentos, maderas, lienzos… Intervienen incluso cuerpos de Policía que analizan las huellas dactilares grabadas sobre la pintura o el papel o estudian los rasgos de distintos retratos para tratar de dilucidar si se trata, o no, de la misma persona. Es decir, de Leonardo da Vinci. ¿Por qué tanto derroche de energía? Por un lado, como dice el propio Barbatelli, «el catálogo de obras de Leonardo es muy pequeño. Y no digamos autorretratos. Sencillamente, porque no le gustaba retratarse».

Cazando autorretratos

Pero hay algo más. Algo que ha hecho que durante cinco siglos hayan surgido todo tipo de teorías sobre este hijo ilegítimo de un noble de la región de Florencia con una campesina que llegó a convertirse en paradigma del hombre renacentista. Falleció en Amboise (Francia) en 1519: el año que viene se celebra el quinto centenario de su muerte y durante todo este tiempo se ha buscado su rostro en obras como la Adoración de los Reyes Magos o en La última cena. Incluso -con mucho menos rigor académico- en La Mona Lisa o el Hombre de Vitruvio, que diseñó para estudiar las proporciones humanas.

Sus propietarios trataron de venderlo por mil euros. Pensaban que era un retrato de Galileo Galilei

Muchos han tratado de reflejar, con cincel, pincel o palabras, el verdadero aspecto del artista universal, desde creadores contemporáneos del genio toscano, como Andrea del Verrocchio -quien posiblemente utilizara a un joven Leonardo como modelo para su bronce que representa a David- hasta el creador de best sellers Dan Brown.

«Era hermoso, bien proporcionado, agraciado y de elegante apariencia. Tenía una cuidada barba que le llegaba hasta la mitad del pecho, rizada y bien formada». Así describe a Leonardo da Vinci el llamado Anonimo Gaddiano, un texto de autor desconocido escrito en 1540, dos décadas después de la muerte del artista. Los adjetivos se repiten en otros documentos de la época que nos hablan de un hombre afable, cultivado y de rostro agradable.

leonardo da vinci

Nicola Barbatelli, director científico del Museo delle Antiche Genti di Lucania

Su discípulo -y heredero- Francesco Melzi lo dibujó con tiza roja sobre papel, de perfil, con larga melena y barba. Es uno de los escasos retratos del pintor realizados antes de su muerte que goza del consenso de los estudiosos. Al parecer de la mayoría se trata, sin género de dudas, de un retrato de Leonardo. Y se corresponde también con la imagen más extendida del creador que revolucionó el arte, la ciencia y la ingeniería.

¿Podría el hombre de perfil retratado por Melzi, que hoy se encuentra en la Biblioteca Real de Windsor (Inglaterra), ser la misma persona que aparece en la Tavola Lucana? Sentado junto al cuadro que descubrió, en una sala del Museo Diocesano de Nápoles, Nicola Barbatelli no se anda por las ramas: «Los estudios morfológicos muestran una compatibilidad del cien por cien entre ambos retratos. La única diferencia está en el labio superior, más pronunciado en la Tavola Lucana que en el retrato de Melzi. Seguramente se deba a que este último es posterior y Leonardo ha perdido los dientes. Pero el resto es idéntico».

La huella definitiva

En la década transcurrida desde que se descubrió el cuadro, expertos de varios ámbitos han sometido la obra a todo tipo de pruebas para definir su fecha y su autor. Gracias al carbono 14 se ha datado el panel de madera empleado como soporte entre 1475 y 1515. Los rayos X han demostrado que los pigmentos son de finales del siglo XV. El profesor Capasso requirió los servicios de los Carabinieri para comparar una huella dactilar que ha permanecido en la Tavola Lucana con una que quedó grabada en otra obra de Leonardo, La dama del armiño. Ambas son compatibles.

La Policía comparó una huella dactilar hallada en la ‘Tavola’ con otra grabada en ‘La dama del armiño’. Son compatibles

Además, en la parte posterior de la Tavola figura una inscripción: «Pinxit mea». «Si lo traducimos de modo literal significa: ‘pinto cosas mías’ -explica Barbatelli-. Pero en el latín del Renacimiento se utiliza la tercera persona para hablar de uno mismo. Quiere decir que él mismo pintó cosas suyas o a sí mismo». El texto se ha sometido también a análisis grafológicos: «Silvana Iuliano, experta en caligrafía de la Policía Científica italiana, ha confirmado que estos caracteres son perfectamente compatibles con la escritura de Leonardo. Se empleó, además, tinta de hierro gálico, la misma que usaba él».

¿Alguien quiere más pruebas? Barbatelli las enumera, no sin cierta irritación. «¡No se trata de convencer a nadie! Se trata de someter el cuadro al análisis científico y, con los resultados en la mano, ver si es atribuible a Leonardo o no».

El debate continúa y dista de generar consenso. Los expertos más renombrados se muestran divididos. En cualquier caso, quien quiera comprobarlo de primera mano tiene una oportunidad excepcional en las próximas semanas. El 29 de noviembre se inaugura en el madrileño Palacio de las Alhajas la muestra Leonardo da Vinci: los rostros del genio.

La exhibición traerá por primera vez a España la Tavola Lucana descubierta por Barbatelli y la compara con otros supuestos retratos y autorretratos de Leonardo. Está comisariada por Christian Gálvez, presentador televisivo, pero también autor de libros sobre la vida del genio como Leonardo da Vinci. Cara a cara, donde busca precisamente el rostro del autor en diversas obras a lo largo de la historia. En el texto defiende, apoyado en el testimonio de numerosos expertos internacionales, la posibilidad de que la Tavola Lucana se trate realmente del único autorretrato del genio que se conserva. La historia y los análisis científicos nos lo confirmarán -o no- en el futuro.

PARA SABER MÁS

Exposición, Leonardo da Vinci: Los rostros del genio  en el Palacio de las Alhajas (Madrid).

Libro, Leonardo da Vinci. Cara a cara, de Christian Gálvez (editorial Aguilar).

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