Cuando algunos de los más grandes artistas contemporáneos, como Marina Abramovic, Maya Lin o Anish Kapoor, quieren convertir en obra sus ideas más complejas, acuden a un discreto taller en Madrid. Entramos en Factum Arte, el lugar donde no hay límite para la creatividad. Por C.M. Sánchez/ Fotos: Juan Millás.

Una fuente de cristal con la forma de su propio rostro, por cuyos agujeros -boca, nariz, oídos y ojos- brota sangre.

Marina Abramovic tiene claro lo que quiere. La prestigiosa artista serbia se hizo un nombre en el mundo del arte, con mayúsculas, por sus perturbadoras performances, como El artista está presente, en la que estuvo sentada 700 horas mirando de frente a quien quiso sentarse ante ella en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Pero la obra de Abramovic también se materializa en ocasiones con forma de ella misma pero convertida en objeto y, para hacerlo, esta vez ha elegido un singular taller: Factum Arte, con sede en un discreto polígono industrial de Madrid. Aquí, en Ciudad Lineal, Abramovic está creando la que será su próxima exposición para la Royal Academy de Londres.

No es la única artista de prestigio internacional que confía en este espacio para ‘fabricar’ sus obras de arte. Anish Kapoor o Mariko Mori también lo hacen. El responsable de este reconocimiento es Adam Lowe, creador de Factum Arte.

Adam Lowe comenzó como artista, pero le fascinaron más las posibilidades tecnológicas de reproducción

Lowe, nacido en Oxford hace 59 años, pertenece a la generación de artistas británicos que irrumpió en las galerías en los años noventa, con Damien Hirst y su ‘tiburón muerto’ como punta de lanza, y se consagró en las subastas con precios estratosféricos. La carrera de Lowe, sin embargo, fue pronto por otros derroteros. Perdió el interés por exponer, al tiempo que se despertaba su curiosidad por las modernas técnicas de impresión. Y se transformó en un demiurgo, el artesano que hace de intermediario entre el mundo de las ideas -algunas, muy locas- de otros artistas y el mundo real.
Sus primeros clientes fueron amigos, como Kapoor o el escultor Marc Quinn, pero pronto su fama se fue extendiendo por su capacidad para resolver los retos tecnológicos y conceptuales que plantean los artistas del siglo XXI, sin importar la escala o la complejidad de las ‘visiones’.

El gran ‘copiador’

Adam Lowe instaló su taller en una nave industrial de Madrid en 2001, junto con dos artistas españoles, Fernando García-Guereta y Manuel Franquelo, a quienes había conocido en Londres. Aquella sociedad comercial duró apenas unos meses. Se separaron, de común acuerdo, y Lowe se quedó con toda la empresa, que ahora también tiene sedes en Londres y Milán. Desde entonces desarrolla dos líneas de trabajo. Por una parte, materializa lo que se les ocurre a las mentes más creativas del mundo. Por allí pasa Anish Kapoor y le pide 742 triángulos de acero. Mariko Mori recrea uno de los infinitos Big Bang del multiverso en fibra de vidrio. Paula Crown ‘trasplanta’ un olivo de cobre -raíces incluidas- a escala natural. Y Marina Abramovic le encarga una reproducción exacta de sí misma en alabastro o le pide que cargue su cuerpo con un millón de voltios de electricidad estática para provocar reacciones magnéticas insospechadas…

 

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Adam Lowe -creador de Factum Arte- rodeado de impresiones de prueba para una réplica de Las señoritas de Waldegrave, de Joshua Reynolds

El lema de Lowe es que nada es imposible. Cuando menos, busca senderos y atajos para cruzar la frontera entre la imaginación y la realidad. «Forzar los límites siempre tiene una recompensa comercial para el artista», afirma.

Por otra parte, Lowe realiza copias fidelísimas de todo tipo de obras, incluso si se han perdido o han sido destruidas. Pero no es un falsificador. Trabaja por encargo de gobiernos y museos, canalizando las colaboraciones a través de la Fundación Factum para la Tecnología Digital en Conservación, que creó en 2009 como complemento a su taller para conservar y recrear algunas de las obras culturales más importantes del mundo. Aquí también fuerza los límites -en este caso, filosóficos- entre original y copia, a menudo indistinguibles.

La fragua de Vulcano

Lowe dirige un equipo de 50 técnicos y artesanos en su taller, un espacio diáfano a medio camino entre la fragua de Vulcano y el loft del Soho, donde conviven el laboratorio físico-químico, el atelier bohemio, el garaje del inventor y el estudio digital. Impresoras 3D, robots, materiales y software creado ex profeso para cada encargo se alían con el pulso del soldador, el ojo del maestro de obra a pie de andamio, la meticulosidad de la miniaturista… Un ejemplo de su trabajo es la ‘resurrección’ de Churchill.

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Clementine Churchill aborrecía el retrato que Graham Sutherland realizó de su marido, el ex primer ministro británico, en 1954; regalo del Parlamento por su 80 cumpleaños. «Winston parece medio lelo», murmuró al verlo. Lady Churchill pensaba que el pintor se había burlado del gran estadista. Y le comentó a su fiel secretaria, Grace Gamblin, que se encargara del asunto. Con nocturnidad, Gamblin y su hermano se llevaron la pintura en un coche y la quemaron en el campo. Solo quedaron las cenizas. La ‘misión’ se mantuvo en secreto durante 60 años. El retrato destruido ha sido recuperado -una réplica exacta- en Factum Arte. El equipo rastreó las pocas fotografías que se conservan de la pintura, escaneó los bocetos del artista e incluso visitó al sastre del político en Savile Row para indagar las texturas del traje que llevaba en el retrato.

Además de ‘fabricar’ para artistas contemporáneos, elaboran copias fidelísimas de obras para su preservación

Factum Arte también ha clonado la tumba del faraón Seti, digitalizada con un escáner en 3D. Y antes reconstruyó con resina la de Tutankamón, un encargo del Gobierno de Egipto para poder cerrar al público la cámara original, muy deteriorada. Tres años de trabajo y medio millón de euros de presupuesto. «Imagínate si hubiéramos tenido este tipo de datos y de mediciones de todo lo que había en el Museo Nacional de Brasil, en Río de Janeiro, antes del incendio de septiembre -explica Lowe-. Hubiéramos perdido las obras originales, desde luego, pero habríamos conservado todo el conocimiento de esas obras; ahora ya no hay remedio».

Factum Arte no entrará en la historia solo por esa labor de conservación. La obra que están ‘fabricando’ de Marina Abramovic para la Royal Academy se exhibirá en 2020. Será la primera vez que una mujer exponga en solitario en los 250 años de la institución.

PARA SABER MÁS

Fundación Factum para la Tecnología Digital en Conservación

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