Puede parecer una locura, pero el proyecto es serio: combatir la escasez de agua, provocada por el cambio climático en Sudáfrica, arrastrando hasta allí un iceberg de la Antártida. Este es el plan… Por Alicia Hernández

La guerra del agua será el próximo conflicto planetario

En 2018, Ciudad del Cabo vivió la sequía más grave de su historia y a punto estuvo de convertirse en la primera gran metrópolis del mundo en quedarse sin agua potable. La población de una de las tres capitales de Sudáfrica, con cuatro millones de habitantes, tuvo que adaptarse a las duras restricciones. Se permitían 30 litros de agua por persona al día para cubrir todas sus necesidades: beber, lavar, ducharse, cocinar… Solo en ducharnos usamos, de media, 200 litros.

Nick Sloane vive en Ciudad del Cabo y trabaja buscando una solución a este grave problema. «El riesgo de llegar al día cero, cuando los grifos se cierren, sigue latente», advierte este capitán sudafricano experto en salvamentos marítimos y conocido por haber reflotado los restos del Costa Concordia, el crucero que naufragó en 2012 en Italia y dejó 32 muertos. Sloane lidera el Proyecto Hielo del Sur (Southern Ice Project) junto con un equipo de ingenieros, glaciólogos y expertos financieros. Su idea es descomunal. arrastrar un iceberg desde la Antártida hasta la costa del país africano y convertirlo en agua potable. «Necesitaríamos un iceberg muy grande -adelantaba Sloane a la revista Time-: 1000 metros de largo, 500 de ancho y 250 de profundidad». Más de 100 millones de toneladas de hielo. «Hoy hay miles de icebergs a la deriva en el Antártico; la mayoría, empujados hacia el sur por la corriente de las Agujas. Vamos a tratar de guiar el iceberg hacia otra corriente: la de Benguela, más fría, que mantiene el agua a unos 0º C. Desde allí sería arrastrado 1200 millas náuticas (2000 kilómetros) hasta el cabo de Buena Esperanza», concluye. Un solo iceberg podría producir unos 150 millones de litros al día durante un año, y «cubriría del 20 al 30 por ciento de las necesidades de la capital durante ese tiempo», asegura.

La capa de hielo antártica es la mayor masa de hielo en la Tierra y contiene el 70 por ciento del agua dulce del mundo. Cada año se desprenden de la Antártida 2000 trillones de toneladas de hielo, pero solo un 7 por ciento de los icebergs son -por su forma- susceptibles de ser remolcados por un petrolero. Del iceberg solo vemos la séptima parte de su tamaño, el resto permanece oculto bajo el agua.

En 2018, cada persona de Ciudad del cabo solo podía consumir 30 litros de agua al día para cubrir todas sus necesidades. beber, lavar, ducharse, cocinar…

Existen, en paralelo, otras fórmulas más convencionales para abordar el problema; entre ellas, la desalinización, pero es más cara, consume mucha energía y desecha químicos que destruyen el medioambiente. Además, el agua de la Antártida es totalmente pura, no requiere ningún tratamiento químico antes de ser utilizada; el único coste es el de su traslado», recalca Sloan. La misión -con un presupuesto de unos 150 millones de euros- tendría que llevarse a cabo entre noviembre y diciembre, cuando el clima antártico es algo menos feroz. «Asumimos todos los riesgos -dice Sloane-, estamos listos para partir». Las autoridades, por su parte, aún no se han pronunciado a favor, por lo que habrá que esperar todavía para ver si el proyecto “iceberg” se hace realidad.

UNA IDEA CON HISTORIA

Trasladar icebergs para combatir la sequía 1

Nick Sloane

La idea de Nick Sloane flota en la mente de los ingenieros desde los años cincuenta, con los primeros estudios del Ejército de los Estados Unidos. En los setenta fue el famoso explorador polar francés Paul-Emile Victor y su amigo Georges Mougin quienes lideraron un proyecto del príncipe saudí Mohamed al-Faisal para resolver los efectos de la sequía de los Emiratos Árabes Unidos (hoy hay un nuevo proyecto para remolcar un iceberg hasta Omán). La primera convención internacional sobre el uso de icebergs se organizó en Iowa en 1977 y a ella asistieron 200 expertos en diferentes materias. Pero los obstáculos técnicos y económicos frenaron los experimentos.

DE LA ANTÁRTIDA AL GRIFO, EN TRES PASOS

  1.  El primer paso será localizar el iceberg perfecto, con datos satelitales, y con la ayuda de sónares y radares comprobar su estado físico, si la estructura es viable para el desplazamiento sin riesgos de rotura.
  2. .El arrastre se hará con un petrolero, apoyado por dos barcazas detrás del bloque para evitar que se desvíe. El iceberg se rodeará con «una red de Dyneema, un supermaterial preparado para soportar las temperaturas bajas, la fricción y la tensión», explican desde Southern Ice Project. Aun así, se calcula que el iceberg perderá un 8 por ciento de su volumen por la erosión de las corrientes de agua e incluso puede llegar a romperse. Se tardará entre 75 y 90 días en completar la travesía, y el destino final será un punto a 30 kilómetros al oeste de Ciudad del Cabo.
  3.  Una vez detenido por un sistema de amarre, el iceberg se cubriría con una capa térmica especial para evitar el desgaste por el efecto de las olas. Para conseguir el agua, se cortarían bloques de hielo para luego transportarlos en barcos hacia depósitos municipales, donde, por un proceso de fundición natural, se convertiría en agua que pasaría a un sistema de cañerías en el que se mezclaría con el agua de las reservas.

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