Comenzaron siendo ceremonias de sacrificios a Dioniso, dios del vino y del teatro. Los primeros atenienses denominaron ‘orgías’ a esas celebraciones. Después, la orgía se convirtió en un ritual que rendía homenaje a Dioniso a través de la danza y el sexo… Por José Segovia

En enero se celebraba la fiesta orgiástica de las Lenai, en la que las mujeres bailaban enloquecidamente y practicaban sexo para lograr el éxtasis dionisíaco.

Sexo y poder en la antigua Roma

En la época de Pericles, las prostitutas de lujo, llamadas ‘hetairas’, eran invitadas a cenas que podían derivar en grandes orgías en las que los esclavos más codiciados participaban del jolgorio general. Despojadas en gran medida de su simbolismo ritual primitivo, a esas cenas acudía la flor y nata de la sociedad ateniense para filosofar, comer, beber sin piedad y disfrutar de los placeres carnales.

Los ricos comerciantes invitaban a sus casas a los personajes más populares de la ciudad, como el dramaturgo Sófocles, el escultor Fidias, las hetairas más bellas de Atenas o empresarios de éxito, como Hipodamo de Mileto, que vestía ricas túnicas y lucía cabellera adornada con polvo de oro.

El Senado romano aprobó un decreto en el año 186 a. C. para acabar con las bacanales, pero no lo consiguió

Los nombres de las hetairas más famosas han llegado a nuestros días gracias al testimonio de filósofos y artistas, como el escultor Praxíteles, que quedó rendido ante la belleza de Friné, que logró elevar su tarifa mostrando sus encantos solo dos veces al año, cuando se bañaba desnuda en las fiestas de Poseidón y Eleusinas, momento en que la gente acudía a la playa para contemplar su belleza.

Con el paso del tiempo, estos rituales pasaron a Roma como las ‘bacanales’ de la Bona Dea, en honor a Baco, el Dioniso romano. Eran unas jornadas festivas en las que solo participaban mujeres. Iban en procesión al monte Aventino, consumían alcohol y alucinógenos y bailaban, pero el súmmum de la fiesta eran las prácticas eróticas entre ellas. Posteriormente, el rito admitió a hombres y se transformó en festines nocturnos en honor a Baco. Se celebraban en las casas y los participantes ingerían grandes cantidades de vino, lo que los desinhibía para practicar sexo.

Los romanos más poderosos organizaban estas fiestas donde se urdían negocios y conspiraciones políticas, lo que provocó la reacción del Senado, que aprobó un decreto en 186 a. C. para intentar acabar con ellas. Pero las bacanales se siguieron practicando.

Amante de los placeres

Demóstenes, importante orador y político griego, aseguraba que el hombre debía disfrutar con una concubina para pasar el día y con una cortesana para mantenerse en forma.

Delirios eróticos

El poeta Juvenal describió las fiestas de la Bona Dea como verdaderas orgías sexuales donde el vino y el sonido de la flauta excitaban a las servidoras de Príapo y a las mujeres de más rancio abolengo.

Sexo y poder en la antigua Roma

Sexo y poder en la antigua Roma

¿Los romanos eran tan licenciosos como se cree? ¿Iban de bacanal en bacanal? Uno de los máximos expertos, el francés Paul Veyne, desmiente los tópicos sobre el poder, el sexo…