Doscientos botes de sardinas, 430 cabezas de ajo, 10.000 kilos de galletas de mar muy secas, siete vacas vivas para poder tomar leche fresca…

Aitor Arregi y el origen de la parrilla en el testamento de Juan Sebastián Elcano

Aitor Arregi y el origen de la parrilla en el testamento de Juan Sebastián Elcano

«Tres ollas de cobre, tres sartenes e tres parrillas de fierro». Los enseres que Juan Sebastián Elcano legó en su testamento prueban que fue «el primer parrillero vasco». Así de…

Estos son solo algunos de los alimentos que cargaban las bodegas de las cinco naos de la flota de la expedición de Magallanes y Elcano que zarpó del muelle de Las Mulas, en Triana, el 10 de agosto de 1519. Eran los víveres llamados a alimentar a la tripulación. «Y llevaban mucho alimento en conserva», explica Xabier Alberdi, director científico del Museo Naval de San Sebastián. «No las latas actuales, claro, pero sí productos salados, adobados, incluso escarchados como higos o pasas. Y membrillo, mucho membrillo». Lo que llamaban ‘galletas’ era pan seco, muy seco, para que no se pudriera. «Son el antecesor de la regañá que se toma en Andalucía», subraya Aitor Arregi, chef del asador Elkano, con una estrella Michelin.

En el testamento de Juan Sebastián Elcano, Xabier Alberdi descubrió una cita camuflada: “Tres ollas de cobre, tres sartenes e tres parrillas de fierro…”. y que según el cocinero Aitor Arregi prueba que Elcano fue “el primer parrillero vasco”

La gastronomía estaba en la raíz de aquellas expediciones: era el control del comercio de especias, usadas en ausencia de frigoríficos para conservar y disimular el sabor de la carne casi putrefacta, el que movía a los aventureros a lanzarse al mar y a los imperios a financiar las expediciones. Portugal o España competían entre sí y contra el Imperio otomano por el comercio de clavo o pimienta. Sin embargo, las penurias a bordo eran frecuentes. La humedad y las ratas echaban a perder la comida. «Frecuentemente quedó reducida nuestra alimentación a serrín de madera», explica Antonio Pigafetta, el cronista del primer viaje de circunnavegación. Y las ratas «llegaron a ser un manjar tan caro, que se pagaba a medio ducado».