Una tabloide sensacionalista ha intentado extorsionar a Jeff Bezos, el dueño de Amazon, con fotos en las que aparece desnudo. ¿Tiene algo que ver en ello Donald Trump? ¿Y Arabia Saudí? Millonarios, política, amantes, extorsión, detectives de Hollywood… Bienvenidos al ‘thriller’ que se ha convertido en cuestión de Estado. Por Nicolas Büchse y Jens König

Amazon, no es oro todo lo que reluce

El dueño de Amazon estaba de buen humor durante la gala de los Globos de Oro el pasado 6 de enero. Entre otros motivos, porque su productora se había llevado dos galardones. En ese momento era un hombre en la cima de su poder. Un hombre que ha sabido transformar un supermercado on-line en un imperio, que ha conseguido introducirse de forma imparable en la vida de millones de personas. Y que ahora está volcado en hacer realidad sus sueños: Jeff Bezos ha puesto un pie en Hollywood.

En la fiesta posterior, Bezos se mostró más relajado y suelto que nunca. En una de las fotos de aquella noche aparece vestido con esmoquin y pajarita. A su izquierda, un poco tapada, la presentadora de televisión Lauren Sanchez. Jeff Bezos sostiene un vaso en su mano derecha. En principio, una instantánea bastante banal.

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Tres días más tarde, el 9 de enero, las banalidades ya no lo eran tanto. La prensa del corazón destacaba que, en la foto de la fiesta, Jeff Bezos seguía llevando su anillo de casado. Este detalle resultaba llamativo porque el empresario acababa de anunciar su intención de separarse de su esposa, la escritora MacKenzie Bezos, después de 25 años de matrimonio. Bezos se adelantaba así al semanario sensacionalista National Enquirer, que salía a la venta al día siguiente con once páginas dedicadas a describir con regocijo su aventura con Lauren Sanchez, narración aderezada con SMS íntimos de la pareja de amantes.

Tan rocambolesco es todo que, si buscara un nuevo éxito para su servicio de series en streaming, le bastaría con rodar su propia vida.

Enemigos íntimos

Tras la publicación de los mensajes privados de Bezos, no hubo que esperar mucho para que Donald Trump apoyara la campaña de descrédito lanzada por el National Enquirer. De hecho, Trump ya llevaba tiempo librando una guerra particular contra Jeff Bezos, que, además de dueño de Amazon, también lo es del Washington Post. El 13 de enero, un par de días después de que los mensajes íntimos salieran a la luz, Trump tuiteó: «Siento mucho oír que a Jeff Bozo (deformación del apellido, traducible como ‘payaso’) lo ha tumbado un competidor cuya información, entiendo yo, es mucho más rigurosa que en su periódico lobista, el Amazon Washington Post».

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Bezos compró ‘The Washington Post’ en 2013, un diario muy crítico con Trump y, por ello, objeto constante de los ataques del presidente

Aquella ‘información’ del National Enquirer sobre Jeff Bezos llenaba páginas y páginas, el semanario le dedicaba tal despliegue que parecía que estaban destapando un nuevo Watergate. Sus reporteros habrían seguido a la pareja «a lo largo de cinco estados y más de cuarenta mil millas». También habrían accedido a fotografías en las que Bezos aparece desnudo, presumiblemente selfis que él mismo le habría mandado a su nuevo amor. Según el tabloide, se lo vería posando delante de un espejo, en una de ellas cubierto solo con una toalla; en otra, con el pene semierecto. El Enquirer aseguraba que no había publicado las imágenes «por respeto a la privacidad del multimillonario».

No es difícil imaginarse el regocijo que debió de sentir Trump al leer algunas de las palabras que un apasionado Bezos le mandó por móvil a su amante: «Quiero olerte, quiero respirarte, quiero abrazarte con fuerza».

No hay empresario que sea objeto de las diatribas presidenciales con más frecuencia que el dueño de Amazon. Trump lo amenaza regularmente con subidas de impuestos y medidas antimonopolio.
Son muchos los que en Washington sospechan que a Trump en realidad no le importa el modelo de ahorro fiscal del que se vale Amazon, ciertamente cuestionable. Para ellos, su ira la despierta sobre todo la cobertura informativa crítica del Washington Post. Y la alimenta más si cabe la envidia por la riqueza de Bezos.

Dar la cara

Inmediatamente después de que el National Enquirer saliera a la venta con el reportaje sobre su vida privada, Bezos encargó una investigación para averiguar cómo había conseguido el tabloide acceder a sus fotos y mensajes privados.

Pero no se quedó ahí: también decidió salir a la palestra, y lo hizo con una entrada en su blog, publicada el 7 de febrero, que ha provocado una conmoción inusual. En su blog, Bezos cuenta abiertamente que intermediarios de David Pecker, el propietario del National Enquirer, habían intentado extorsionarlo. Según el empresario, le habían exigido que pusiera fin a la investigación que había ordenado. Si no lo hacía, le amenazaban con publicar fotos de él y de su amante ligeros de ropa o desnudos.

«Ser dueño de The Washington Post es una complicación para mí. Es inevitable que ciertas personas poderosas objeto de cobertura del Washington Post concluyan de manera equivocada que soy el enemigo -escribe-. El presidente Trump es una de esas personas».

El contraataque de Bezos eleva una aventura romántica a la categoría de escándalo político. En su comunicado, Bezos añade: «Antes que capitular ante la extorsión y el chantaje, he decidido hacer público exactamente lo que me enviaron, a pesar del coste personal y la humillación que supone».

La transformación

En los últimos años se ha venido observando una transformación en Bezos: el calculador hombre de números se ha convertido en una figura de la política y el show business. El millonario compró The Washington Post y aseguró, no sin cierta teatralidad, que quería aportar su grano de arena al fortalecimiento de la democracia en Estados Unidos. También se embarcó en la creación de los estudios de cine de Amazon, movido, dijo, por su pasión por las películas.

Con el cine ha llegado el glamour a la vida de un hombre hasta entonces poco dado a mostrarse en público y, para su estatus económico, de costumbres bastante modestas. A la luz de los focos y los flashes también se aprecia una transformación en su ropa y en su cuerpo.

LOS ANGELES, CA - DECEMBER 03: (EXCLUSIVE COVERAGE) WME's Patrick Whitesell, Lauren Sanchez and Amazon CEO Jeff Bezos attend Jeff Bezos and Matt Damon's "Manchester By The Sea" Holiday Party on December 3, 2016 in Los Angeles, California. (Photo by Todd Williamson/Getty Images for Amazon Studios)

Bezos conoció a Patrick Whitesell, un agente de Hollywood, al entrar en el negocio audiovisual y, con él, a su mujer, Lauren Sanchez

Su recién descubierta pasión por el séptimo arte también ha alcanzado a su vida privada. Gracias al cine, Bezos conoció a Patrick Whitesell, uno de los principales agentes de Hollywood, con el que trabajan actores como Matt Damon. Whitesell le presentó a su mujer, Lauren Sanchez.

De Mackenzie a Lauren

Por aquel entonces, Lauren Sanchez había interpretado unos cuantos papeles pequeños, era presentadora de un programa de la televisión local y piloto de helicóptero. Sanchez y su marido vivían en Seattle, casi puerta con puerta con los Bezos.

BEVERLY HILLS, CA - MARCH 04: Jeff Bezos (L) and MacKenzie Bezos attend the 2018 Vanity Fair Oscar Party hosted by Radhika Jones at Wallis Annenberg Center for the Performing Arts on March 4, 2018 in Beverly Hills, California. (Photo by Dia Dipasupil/Getty Images)

Los Bezos anunciaron su separación justo antes del escándalo. Tuitearon un mensaje conjunto. «Aunque hubiésemos sabido que nos acabaríamos separando después de 25 años… ¡volveríamos a hacerlo todo igual!»

Las dos parejas entablaron amistad, incluso se iban juntos de vacaciones. Poco después, Bezos y Lauren Sanchez empezaron a verse sin sus cónyuges. A veces, el dueño de Amazon alquilaba para sus encuentros una mansión a solo cinco manzanas de su casa familiar. Él, que hasta ese momento meditaba cada uno de sus pasos en público, empezó de repente a actuar con la despreocupación de un adolescente enamorado.

“Antes de ceder al chantaje, he decidido hacerlo público a pesar de la humillación que supone”, dice Bezos

Cuando salió el escándalo, Bezos, al parecer, llevaba varios meses separado de su esposa, MacKenzie, a la que conoció en 1992 durante una entrevista de trabajo. La relación laboral dio paso a una relación sentimental. Tuvieron tres hijos, todos niños, y adoptaron a una niña. En septiembre de 2018, el matrimonio celebró sus bodas de plata con una fiesta llena de glamour en un club de Miami. Pero lo que estaban celebrando era un matrimonio que ya llevaba tiempo roto.

Un detective de película

Cuando se trata de destapar un complot con las dimensiones que Bezos sospecha, un hombre como él no contrata a un investigador cualquiera, sino al mejor: Gavin de Becker.

De Becker tiene 64 años y desde hace 40 dirige su propia empresa de seguridad. Estrellas de Hollywood, grandes multinacionales, la CIA, el Departamento de Justicia… Se ha encargado de la protección de celebridades como Madonna, Robert Redford o Cher. De Becker también lleva dos décadas siendo el jefe de seguridad de Jeff Bezos.

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Gavin de Becker es muy conocido en Hollywood. Autor de varios libros, se ha ocupado de proteger a decenas de estrellas y es amigo de muchas de ellas, como Meryl Streep. También es el jefe de seguridad de Bezos

Cuando De Becker y su equipo comenzaron sus pesquisas, siguieron varios rastros diferentes, pero se inclinaron por los motivos políticos. Su experiencia le decía a De Becker que el hecho de que la historia hubiese aparecido precisamente en el National Enquirer apuntaba en esa dirección. Pero ¿quién tenía los medios para pinchar el móvil de Bezos? Los servicios de inteligencia de Estados Unidos? ¿Los saudíes? ¿Los rusos? ¿Y por qué divulgaron secretos de la vida privada de Bezos y no de su empresa? De Becker no especula sobre estas cuestiones, aunque sí ha contado en público que hay «indicios consistentes de una motivación política». A continuación arrojaba un hueso a los periodistas. tenían bajo la lupa a muchas personas que podrían estar involucradas en la historia. Una de ellas era Michael Sanchez.

El hermano soplón y la trama rusa

¿Michael Sanchez? El hermano de la amante de Bezos, Lauren Sanchez, es agente literario y gestor de talento. Se describe como «hombre homosexual, hispano, dueño de una casa en West Hollywood y firme partidario de Donald Trump». Pero el detalle que le resulta más interesante al investigador De Becker es que Michael Sanchez tiene excelentes contactos con turbias figuras del entorno de Donald Trump. Entre ellas, Carter Page, antiguo asesor electoral del hoy presidente, al que el FBI acusa de haber tenido contactos con agentes secretos rusos. Y Roger Stone, uno de los tipos más oscuros de Washington, un buen amigo de Trump.

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Michael Sanchez, el hermano de Lauren, es uno de esos vividores que abundan en Hollywood y el sospechoso de haberse ido de la lengua sobre el affaire

Hace solo tres semanas fue acusado de haber mentido al Congreso de Estados Unidos para ocultar su implicación en la trama rusa. ¿Fue Sanchez quien le contó a la gente de Trump que su hermana Lauren mantenía una relación con Bezos? Michael Sanchez, por su parte, ha negado las insinuaciones. Dice que sí sabía de la relación de su hermana y que conocía a Bezos, pero que no le había contado nada a nadie. Sanchez cree que, con sus acusaciones, el detective privado solo busca desviar la atención de su fracaso como jefe de seguridad de Bezos.

El periodista amigo y las amantes de Trump

El ambiente político estadounidense está tan agitado en este tercer año del mandato de Trump que todo parece posible, incluidas las teorías de la conspiración más descabelladas. En el caso Bezos, el rastro conduce rápidamente al entorno de presidente. Sobre todo, por su relación con David Pecker. Pecker dirige desde hace 20 años American Media Inc., la empresa editora del National Enquirer.

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David Pecker -el editor del Enquirer- siempre ha idolatrado a Trump. Se conocen desde los años 70

Ambos tienen parecida edad, y los dos prosperaron en el Nueva York de los años setenta y ochenta. Para Pecker, Trump significaba acceso al mundo de la fama y el poder. Para Trump, Pecker significaba acceso a la principal revista de cotilleos del país y, con ello, la posibilidad de seguir construyendo su mito de exitoso hombre de negocios y gran playboy. Sin la prensa sensacionalista, sin Pecker, puede que Trump no fuera hoy presidente de Estados Unidos.

Cuando Pecker se convirtió en el presidente de American Media, en 1999, se hizo cargo también de la dirección del buque insignia de la editora: el National Enquirer. El tabloide es el único que todavía sigue estando bien visible junto a las cajas de los supermercados de todo el país. En 2016 publicó uno de esos artículos típicos suyos, en el que decía que Hillary Clinton tenía un tumor cerebral, que había perdido el juicio y que moriría en menos de seis meses.

MIAMI BEACH, FL - FEBRUARY 06: Karen McDougal attends Playboy's Super Saturday Night Party at Sagamore Hotel on February 6, 2010 in Miami Beach, Florida. (Photo by Dimitrios Kambouris/Getty Images for Playboy)

Karen McDougal, modelo y actriz, conocida por sus apariciones en Playboy, asegura que en 2006 mantuvo una aventura sentimental de diez meses con Trump. Al parecer, el Enquirer ocultó las pruebas

Pero los favores a Trump van más en otra línea, la del catch and kill (‘atrapar y matar’), como se denomina en la jerga de la prensa sensacionalista al método de comprar exclusivas para retirarlas del mercado, sin intención de publicarlas. Pecker lo ha convertido en una base de su negocio. Entre otras cosas, lo usó para retirar del mercado la historia del presunto affaire de Trump con la playmate Karen McDougal en plena campaña electoral de 2016, medida tomada de acuerdo con el propio candidato.

Y la trama saudí

El presidente ha sabido mostrarse agradecido por tanta dedicación. En julio de 2017 invitó a su viejo amigo a comer a la Casa Blanca. David Pecker acudió acompañado de Kacy Grine, un hombre de negocios francés. Grine tiene excelentes contactos en la Casa Real saudí, especialmente con el príncipe heredero Mohamed bin Salmán, esto es, el hombre al que el Washington Post de Bezos responsabiliza del asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, columnista del diario.

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Bezos sospecha del príncipe Mohamed bin Salmán por la investigación de The Washington Post sobre su implicación en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi

David Pecker necesitaba el apoyo del empresario francés. Quería hacer negocios en Arabia Saudí y buscaba para ello inversores en la Casa Real. Para Pecker, aquella comida en la Casa Blanca era un verdadero regalo, pues le permitía demostrarle a Grine, y de paso a los saudíes, que podía contar con el respaldo del presidente. A los pocos meses, la editorial de Pecker sacó una revista titulada The New Kingdom (‘El Nuevo Reino’). En la portada aparecía el príncipe heredero saudí. El conjunto era un himno en alabanza al régimen de Riad, que presuntamente habría pagado la publicación.

“La cuestión saudí parece haber tocado un nervio especialmente sensible”, dice Bezos sobre su extorsión

Pecker y Trump, el National Enquirer y sus negocios sucios, el dinero de los saudíes y el asesinato de Khashoggi investigado de forma implacable por el Washington Post… esos son los hilos con los que Jeff Bezos teje su acusación. Sospecha que ahí reside el verdadero motivo de los ataques contra él. En la entrada publicada en su blog el pasado 7 de febrero, Bezos incluye el enlace a un artículo sobre los negocios de Pecker en Arabia Saudí y comenta: «La cuestión saudí parece haber tocado un nervio especialmente sensible». Bezos incluso ha conseguido arrancarle una declaración al ministro saudí de Asuntos Exteriores. «Absolutamente nada», esa fue su respuesta a la pregunta de si la Casa Real tenía algo que ver en el asunto. Y añadía que, en su opinión, todo sonaba a «telenovela».

¿Telenovela? Muchos consideran que este escándalo más bien es una descripción muy ajustada de la Presidencia de Trump. Jeff Bezos, por su parte, se siente metido en un thriller. Por eso en su blog escribió. «Prefiero ponerme en pie, remover todo el asunto y ver qué sale». Mientras, el mundo sigue los acontecimientos atentamente y contiene la respiración.