Nació por casualidad en un laboratorio hace ahora 30 años y desde entonces ha alterado la vida sexual de millones de personas en todo el mundo. Pero también ha convulsionado la vida sentimental de las parejas. Y para muchas mujeres, según muestran algunos estudios, la pastilla azul no siempre es satisfactoria. Se lo contamos. Por Ixone Díaz Landaluce

20 años tomando viagra: las cifras de la pastilla azul

«Antes, para los hombres, todo giraba en torno a si se les levantaba o no. ¿Seré aún capaz? Y había cierta justicia en eso». Esta reflexión es de la diseñadora Diane von Fürstenberg. «A partir de los 40 -agrega-, las mujeres ya no podíamos tener hijos y ellos experimentaban cierta decadencia sexual. Pero ahora con el viagra… ¡viagra es lo peor que nos podía pasar a las mujeres!». Hace unos meses, Von Fürstenberg verbalizaba, en una entrevista con el diario británico The Times, una realidad a menudo ignorada sobre el fármaco superventas que revolucionó las relaciones sexuales hace ahora dos décadas. Porque aunque la teoría más aceptada es que, cuando la edad (al menos la edad de ellos) dejó de ser un factor determinante en la ecuación sexual, muchas relaciones de pareja se fortalecieron y otras lograron evitar el divorcio, lo contrario también puede ser cierto. De hecho, es algo que muchos psicólogos y expertos en terapia de parejas detectan desde hace tiempo en sus consultas. «El viagra puede tener efectos adversos en las relaciones de pareja, aunque depende mucho de la edad. No es lo mismo un chico de 25 años que un hombre de 60», advierte Cecilia Martín, psicóloga experta en relaciones de pareja y directora del Instituto de Psicología Psicode. Y es que, en los tiempos del viagra, el amor -en sus diferentes fases- ya no es lo que era.

Un 25 por ciento de las mujeres cuyas parejas la toman afirman sentirse menos conectadas emocionalmente con ellos; el sexo se convierte en una actividad “a demanda”

«En las parejas estables, quizá más apáticas sexualmente después de muchos años de convivencia, este tipo de fármaco puede suponer un soplo de aire fresco. Pero también puede crear conflictos. Sobre todo, cuando algunos hombres lo toman a escondidas para sorprender a su pareja. Eso es un error», explica Martín. Obviamente, no existe un manual de etiqueta sobre cómo consumir el fármaco. ¿Deberían los hombres tomárselo a discreción y sin avisar? ¿O convendría que fuera algo consensuado con su pareja? Algunos hombres consideran que no tienen por qué pedir permiso a nadie para tomar un medicamento. Sin embargo, la mayoría de los expertos coinciden en que lo mejor es que sea una decisión compartida.

La revista de Oprah Winfrey, una publicación muy popular en Estados Unidos, llevó a cabo una encuesta entre más de 400 mujeres cuyas parejas consumían viagra de manera habitual. Los resultados fueron sorprendentes. Aunque el 50 por ciento reconocía que el fármaco había mejorado su vida sexual y el 17 por ciento afirmaba que había salvado su matrimonio, la encuesta también ilustraba un problema de fondo: el 25 por ciento afirmaba sentirse menos conectada emocionalmente con su pareja. Annie Potts -profesora de la Universidad de Canterbury en Nueva Zelanda- llegó a conclusiones similares en un estudio realizado en 2003: un porcentaje significativo de sus entrevistadas sentía que el sexo se había convertido en una actividad «a demanda». Y en el libro El mito de la viagra: su sorprendente impacto en el amor y las relaciones, el urólogo norteamericano y profesor de Harvard Abraham Morgentaler advertía que las expectativas sobre el efecto del fármaco (que no siempre es la solución al problema) podían agravar el estrés de las parejas. De hecho, la encuesta de la publicación norteamericana arrojaba datos todavía más dramáticos: el 15 por ciento responsabilizaba al fármaco de haber arruinado su relación. Y hasta un 10 por ciento de las mujeres afirmaba que su marido le había sido infiel por primera vez después de empezar a tomar viagra.

Con el estimulante, las relaciones requieren planificación -la pastilla hace efecto una hora después de la ingesta- y sincronización

LAS DINÁMICAS ALTERADAS

Lo que resulta indudable es que el fármaco altera muchas dinámicas de pareja. A veces, para mal. Es común, por ejemplo, que las mujeres caigan en la inseguridad de pensar que la pastilla suple su papel de seducción en la relación sexual. Ahí se equivocan: estos medicamentos resuelven el ‘fallo mecánico’, pero no tienen nada que ver con la ‘producción’ del deseo. El estímulo sigue siendo necesario. Es decir, no sirve de nada tomarse un viagra y ponerse al leer el periódico. «Ese es un gran mito. Los problemas de erección no dependen del deseo que sienta un hombre o de lo atractiva que encuentra a una mujer. Pero, a menudo, las mujeres piensan que la excitación está en la pastilla. Es algo que veo a menudo en la consulta», explica Martín. Pero no es el único efecto colateral. Por un lado, las relaciones pierden espontaneidad y requieren cierta planificación, pues el efecto del viagra comienza una hora después de su ingesta. Además, puede aumentar la presión de no ‘desperdiciar’ esa erección o de protagonizar sesiones maratonianas de sexo, aunque ellas no estén precisamente por la labor. Por otro, las relaciones se focalizan en exceso en la penetración. «El sexo es mucho más que eso. Se pierde el erotismo. Y eso empobrece las relaciones sexuales».

Los chicos jóvenes la consumen para “asegurar” sus frecuentes citas por Internet o para impresionar a su pareja emulando a estrellas del porno

El peligro, además, es desincronizarse. «El problema es que va en contra de los cambios fisiológicos propios de la edad. De manera que un hombre de 65 años puede tener una erección de tres horas mientras la mujer quizá no tiene ni el deseo ni la lubricación necesaria para seguirle el ritmo. Después de la menopausia aumenta la sequedad vaginal, y la penetración puede resultar dolorosa. Por supuesto, eso no quiere decir que el sexo no sea importante en esa etapa de la vida, pero tiene que haber una sintonía». De eso, precisamente, se lamentaba Diane von Fürstenberg. De cuando la ‘bendita viagra’ deja de serlo. Sobre todo, para una de las partes interesadas. Al menos, hasta que se invente (y no estamos precisamente cerca) la viagra femenina.

LAS CITAS POR INTERNET Y LA SOBREEXIGENCIA

Pero el retrato robot del consumidor de la icónica pastilla azul tampoco es el que era. Muchos chicos jóvenes, a menudo veinteañeros sin problemas claros de disfunción eréctil, las utilizan para «asegurar» en sus citas de Tinder. O para impresionar a su novia con una erección propia de las estrellas del porno. Pero es un arma de doble filo. «Cuando un hombre joven que está explorando su sexualidad toma viagra, puede caer en el error de atribuir el éxito de esa relación sexual a la pastilla. Y eso acaba generando más inseguridad y una dependencia del fármaco en personas que quizá ni siquiera la necesitaban», advierte Martín. Es una solución fácil y rápida al nerviosismo habitual que acompaña la primera relación sexual con una nueva pareja. «En la consulta veo muchos chicos jóvenes que consumen viagra para sus citas de Tinder. Y teniendo en cuenta que muchos tienen tres y cuatro citas semanales, puede convertirse en un problema. Además, ¿qué pasa si finalmente no terminan en la cama? De hecho, a muchos les deja de funcionar porque la ansiedad que les genera es más potente que el efecto vasodilatador». También provoca conflictos en la primera fase de una relación de pareja. «¿Cómo le dice un chico de 20 años a su novia que toma viagra para asegurar una erección? Crea problemas de desconfianza desde el inicio».

LOS DIVORCIOS DE LA PASTILLA

¿Puede predisponer el uso de viagra a la infidelidad? ¿Qué papel desempeña en los divorcios de parejas de mediana de edad? Puede que sean preguntas incómodas o difíciles de contestar, pero según los expertos también son pertinentes. «Aunque no quiere decir que los hombres que consumen viagra vayan a ser infieles, sí puede predisponer a la infidelidad. El hombre de mediana edad que toma viagra se empodera. De pronto se siente joven, seguro, seductor. Y quizá su mujer no le puede seguir el ritmo. Por eso puede ser un factor», manifiesta la experta en relaciones de pareja Cecilia Martín. En Inglaterra y Estados Unidos no es infrecuente que, durante los procesos de divorcio, los abogados utilicen el argumento de la pastilla azul como factor de predisposición a las infidelidades que terminaron por romper el matrimonio. De hecho, en 2004, una mujer británica de mediana edad alegó que su marido se había vuelto «sexualmente agresivo» desde que utilizaba el fármaco y que eso había deteriorado gravemente su relación. En Estados Unidos, la prensa norteamericana ha destapado que el consumo de viagra de algunas comunidades de jubilados de Florida ha aumentado la promiscuidad de los residentes, pero también la incidencia de enfermedades de transmisión sexual provocadas por el incremento de relaciones sexuales con prostitutas. Aunque nadie niega que en estos últimos 20 años el viagra ha salvado muchos matrimonios, también ha podido terminar con otros… por mucho que el «riesgo de divorcio» no figure entre los efectos adversos listados en su prospecto.

EL VIAGRA CAMUFLADO COMO COMPLEMENTO ALIMENTICIO

Hace unas semanas, el ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque, comentaba la retirada de un complemento alimenticio por parte de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Eran unas cápsulas que contenían el principio activo sildenafilo, el de la viagra, pero no estaba declarado en su etiquetado.

«Uno de los mayores peligros de los ‘productos naturales’: a veces les añaden medicamentos reales para que de verdad tengan algún efecto. Y la gente podría estar tomando algo no adecuado o dosis excesivas», advertía el ministro.

No es la primera denuncia contra productos que se hacen pasar por naturales que, en realidad, no lo son. Normalmente se trata de los llamados ‘complementos alimenticios’. Para que realmente hagan algún efecto, algunos fabricantes les añaden el principio de los estimulantes sexuales.

En un principio, quienes los consumen experimentan la sensación provocada por el vasodilatador, pero obviamente ni tienen el efecto directo del viagra ni tienen ningún efecto positivo en la salud; al contrario, pueden tener severas contraindicaciones sin que ni siquiera se sepa a qué se debe, porque se oculta en el etiquetado.