‘Burnout’ es un síndrome laboral. La Organización Mundial de la Salud lo acaba de destacar como fenómeno de gran relevancia. Produce agotamiento, caída del rendimiento y embotamiento y afecta a un 20 por ciento de los trabajadores europeos. Te damos las claves para averiguar si lo padeces. Por Maria Corisco

¿Por qué no me puedo concentrar?

En la década de los cincuenta del siglo pasado, la señorita Jones trabajaba como enfermera en una sala de enfermos crónicos en un hospital psiquiátrico. A su regreso tras unas semanas de ausencia, se encontró con que diversos cambios organizativos habían minado la moral de sus compañeras, que ya no atendían a los pacientes con el mismo interés. Jones intentó motivarlas, pero fracasó; se concentró entonces en los enfermos, intentando suplir con su esfuerzo las carencias del resto de las enfermeras, pero solo encontró a unos pacientes que, conscientes del ambiente enrarecido, eran cada vez más hostiles. La señorita Jones sintió el rechazo de sus compañeras, la ingratitud de los enfermos y la inutilidad de su trabajo; entró en un círculo vicioso de alienación: cuanto peor se sentía, peor trabajaba, y eso le hacía hundirse aún más. Incapaz de ver algo positivo en su trabajo, comenzó a faltar, hasta que una oportunísima intervención psicológica la rescató de su caída emocional y profesional.

Trabajar de más, en un entorno injusto, sin apoyo, en algo que odiamos, o sin recompensa son algunos de los detonantes

La historia de la enfermera Jones, publicada en 1953 en Psychiatry: interpersonal and biological processes, es el primer caso descrito de burnout, un síndrome que acaba de ser reconocido por la Organización Mundial de la Salud como «fenómeno ocupacional de gran relevancia». Si hasta ahora solo se entendía dentro del epígrafe de Problemas relacionados con dificultades en el control de la vida, esta nueva clasificación lo sitúa ya de pleno en el entorno laboral. No se trata de una situación de estrés sin más, o de una falta de motivación mal gestionada: ahora es un síndrome «producto de un estrés laboral que no se ha resuelto ni manejado exitosamente», y así aparecerá en la próxima Clasificación internacional de enfermedades.

«Más vale tarde que nunca», concede el doctor José Antonio Flórez Lozano, catedrático de Ciencias de la Conducta en la Universidad de Oviedo. «Es un reconocimiento merecido a una realidad descrita hace tiempo y que muchos profesionales -sobre todo sanitarios, pero también policías, docentes, bomberos o periodistas- están sufriendo». Flórez Lozano es autor del primer libro que se escribió en España sobre el síndrome de burnout, el síndrome del agotamiento, del estar ‘quemado’, como lo traduciríamos al español (aunque perdería sus matices). Un cuarto de siglo después, «el tiempo te da la razón en que esto no es, como se dijo, una moda pasajera. Al contrario: va en aumento».

LOS MÉDICOS, CARNE DE ‘BURNOUT’

Esa percepción de aumento es común a la mayoría de los expertos, pero en realidad no contamos con estudios epidemiológicos longitudinales que acrediten que las tasas de hoy son mayores que las de ayer; tenemos, eso sí, múltiples estudios, encuestas e intervenciones realizadas en distintos centros de trabajo que arrojan resultados dispares, pero que corroboran la existencia del fenómeno. Según un estudio de la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo de los Trabajadores Europeos, un 20 por ciento de ellos padece burnout.  Y el Colegio de Médicos de Barcelona ha alertado de que uno de cada tres médicos sufrirá este síndrome, que se caracteriza por tres síntomas bien definidos: un sentimiento de agotamiento, de cansancio extremo; una actitud ante el entorno laboral que puede ser tanto de distanciamiento emocional como de negatividad; y un descenso en el rendimiento profesional.

Así se sintió Herbert Freudenberger, el psicólogo clínico norteamericano a quien se atribuye el uso de la palabra burnout para referirse a este síndrome. Freudenberger se dio cuenta del embotamiento emocional que sufrían sus pacientes, voluntarios en una clínica mental de Nueva York. Y utilizó para referirse a ellos el mismo término, burnout, que se empleaba en el argot para aludir a los yonquis, víctimas de los devastadores efectos de la droga. Con el paso del tiempo, también él acabó cayendo en el mismo cuadro que había descrito; de hecho, sus escritos son autobiográficos.

‘Burnout’ y estrés no son sinónimos: el estrés da hiperactividad, moderado puede ser positivo; el ‘burnout’ embota y siempre es negativo

En la otra costa, en Berkeley, la psicóloga Christina Maslach comenzó a trabajar para tratar de averiguar cómo los trabajadores sociales podían lidiar con el estrés emocional. Y llegó al mismo punto que Freudenberger: al burnout.

La teoría de Maslach, que sigue hoy vigente, es que hay seis problemas que pueden hundirnos: trabajar demasiado; trabajar en un entorno injusto; trabajar con escaso apoyo social; trabajar con poco margen de acción; trabajar a favor de valores que odiamos; o sentirnos poco recompensados (aquí incluimos el sueldo, el prestigio, la consideración…).

Al fin y al cabo, el burnout es un desequilibrio entre el esfuerzo y la recompensa. Su aportación fue crucial: en 1981 dio a conocer el Maslach burnout inventory, un cuestionario que sigue siendo referencia para diagnosticar.

Aquel primer cuestionario sirvió para propiciar el interés de la comunidad científica, que dejó de tildar de pseudociencia al burnout. Ahora bien, el modo en el que estaba formulado hizo que se orientara a determinadas profesiones, lo que generó la creencia popular de que el burnout se trataba de un fenómeno exclusivo de trabajos de ayuda (medicina, docencia, enfermería, bomberos…). Maslach lo modificaría para adaptarlo a otro tipo de ocupaciones y en la actualidad se entiende que lo determinante no es la profesión, sino las variables emocionales asociadas a su desempeño.

LA EMPATÍA ES AGOTADORA

Así, siguiendo a Maslach, vemos que aquellos trabajos que requieren mostrar o inhibir las emociones o en los que el profesional se ha de mostrar empático sistemáticamente son susceptibles de generar más burnout. Y sí, suele coincidir con empleos en los que se ayuda a personas en situaciones de dificultad o vulnerabilidad y también con profesiones vocacionales: cuanto mayor es el entusiasmo con que uno aborda su trabajo al inicio, mayor es la decepción y el descreimiento.

«En realidad, el síndrome es idéntico en unas y otras profesiones -explica el doctor Flórez Lozano-, lo que sí es cierto es que hay grupos en los que se detecta una mayor frecuencia o intensidad, incluso dentro del mismo sector. Se sabe, por ejemplo, que afecta más al personal de UCI, de urgencias, de psiquiatría».

El ecosistema sanitario ha sido, es verdad, el principal objeto de estudio. Y, realmente, su relevancia no repercute solo sobre la calidad de vida de quien lo sufre, sino sobre todo sobre el sistema. «Potencia los errores clínicos y es el enemigo más pernicioso de la calidad asistencial -advierte Flórez Lozano-. En un momento en el que reclamamos la humanización de la asistencia médica, el burnout la impide, precisamente porque uno de sus síntomas estrella es el distanciamiento afectivo. La despersonalización, la cosificación del paciente».

PARA SABER MÁS

Manual de prevención y autoayuda del ‘burnout’ del médico. Libro de José Antonio Flórez Lozano, editado por Grupo Editorial Entheos.

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