Brotan como hongos, sobre todo en los barrios obreros más vulnerables. A veces, incluso, enfrente de los colegios. El crecimiento de las salas de juego alimenta una industria que mueve más de 40 mil millones de euros al año. Toda una tentación para los 300.000 ludópatas que hay en España. Y empiezan cada vez más jóvenes. Por Ester Medina

Cómo vencer la ludopatía

“Todo se disparó cuando a mi suegro le tocó el segundo premio de la lotería”. Fernando había ‘tonteado’ con las apuestas desde muy joven, pero sin pasar de los 20 euros. Vio a un familiar ganar una importante cantidad de dinero y sintió ‘el subidón’. Sus apuestas comenzaron a superar los 1000 euros. A partir de ahí, todo fue cuesta abajo. «Crees que de verdad te puede tocar, pierdes el control… y la cagas. Yo era jugador on-line, no iba a los locales, pero me manejaba perfectamente con las aplicaciones de móvil. Además, llegué a tener encima 70 u 80 décimos de lotería. En total me habré gastado más de 135.000 euros».

“En los turnos de noche en el trabajo, me ponía tres pantallas con estadísticas y partidos. He llegado a apostar en el coche mientras conducía”, dice Fernando

Fernando tiene dos hijas y su mujer lo ayudó a buscar ayuda profesional. Como él, 300.000 españoles más -según datos de la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR)- sufren ludopatía, la única adicción sin sustancia que ha sido catalogada como patología por la Organización Mundial de la Salud.

adicion al fuego ludopatia

Fernando, ahora en rehabilitación, tiene que superar las tentaciones diarias. “El otro día, mi hija me dijo en el descanso de un partido de fútbol: ‘Papá, ¡pero si te regalan un bono de 20 euros! -cuenta Fernando-. Es tremendo. Tengo que alejarme de la televisión”

El juego compulsivo es una enfermedad progresiva. No controlarla supone un sinfín de mentiras, deudas, problemas familiares, económicos y psicológicos, llegando incluso a la locura o la muerte. Miles de personas, y cada vez más jóvenes, caen en las redes de esta enfermedad que muchos consideran ‘provocada’.

«¿Quién no quiere ganar la lotería? ¿A quién no le gustaría ganar un premio de 2000 euros? Pero no funciona así. He llegado a la conclusión de que, cuando juego, pierdo tres cosas: mi tiempo, mi dignidad y mi dinero. Jugar es de perdedores», asegura Julián, adicto al póker on-line y a los bingos; llegó a estar dentro de uno más de 30 horas seguidas. Acude a grupos de terapia desde 2012 y es consciente de que el precio que ha pagado ha sido muy alto: su pareja lo echó de casa y vive en un hotel.

EL FILÓN DE LOS BARRIOS DEPAUPERADOS

Las casas de apuestas y salas de juego eligen estratégicamente los barrios más vulnerables, los más golpeados por la crisis. En toda España, este tipo de locales se ha disparado en los últimos diez años, pero, según Datos Abiertos y el Portal Estadístico del Ayuntamiento de Madrid, en los distritos de la capital donde la renta media es inferior a los 25.000 euros anuales han aumentado el 141 por ciento en los últimos tres años. Hasta el presidente de la patronal de salones de juego, Juan Lacarra, expresaba su asombro ante estos datos: «Vivimos un crecimiento inédito, lo nunca visto»..

Los salones de juego se han convertido en la alternativa más seductora para matar el tiempo si estás en paro, para desahogarte si no llegas a fin de mes o bloquear tu mente si tienes problemas familiares. Te venden un oasis y acaban siendo arenas movedizas de las que no puedes salir. La adicción al juego es a la vez origen y generador de pobreza.

En los distritos de Madrid donde la renta media es inferior a 25.000 euros, los salones de juego han aumentado un 141 por ciento en los últimos tres años

Joan lo sabe bien. «El juego me ha producido siempre una evasión de la realidad porque es eso: juegas para evadirte». Lo suyo eran el bingo, la lotería, los casinos, apuestas por Internet… todo, de manera progresiva. Está separado y volvió a los 35 años a la casa de su padre porque se arruinó jugando.

Por eso, las asociaciones vecinales donde más proliferan los salones insisten en que se regule de manera restrictiva su apertura. Varias comunidades ya lo han hecho, pero en Madrid, Extremadura y Asturias no existe una planificación que limite su número por calle o barrio, como ocurre con las farmacias.

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«Tetuán no es un casino», «con Moratalaz no se juega», «fuera del barrio»…, en muchos distritos de la capital empiezan a aparecer pintadas en las paredes de los locales hechas por vecinos alarmados ante el riesgo que suponen. El pasado 28 de octubre, Día Mundial sin Juegos de Azar, se celebró incluso una manifestación de protesta en la calle de Bravo Murillo de Madrid, punto caliente para estos negocios: en 2,5 kilómetros se concentran 18 locales de juego.

«No pedimos que se cierren, sino una regulación justa. No puede haber tres o cuatro en apenas 50 metros», denunció el presidente de la asociación de vecinos. También protestaban por la publicidad que despliegan, con cartelería estruendosa que atrae a los jóvenes, a los que buscan seducir regalándoles comida y bebida e incluso permitiéndoles fumar dentro.

«Si no lo has sufrido, es difícil imaginar lo que siente un padre o una esposa al tener en casa a un adicto al juego -reflexiona Jordi, que trabajó en un bingo de Sabadell vendiendo cartones antes de acabar enganchado-. Son 24 horas al día pensando en el bingo, las tragaperras, las apuestas, el póker… Todo está perfectamente diseñado para que nadie se quede fuera». Dejas de pensar en el colegio y la comida de tus hijos, en el trabajo, en las facturas y en que tu pareja se ‘parte el lomo’ para sacar todo adelante mientras tú te lo fundes, reconocen todos los entrevistados.

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Manuel. Como taxista, siempre tenía dinero a mano. Vendió su alianza por culpa de las tragaperras. Su mujer le dio un ultimátum y entró en rehabilitación.

La adicción al juego afecta plenamente a la vida familiar; vives como en una burbuja, sin poder mantener una conversación coherente, con una actitud agresiva. Julián cuenta que, cuando llegaban los sábados, buscaba intencionadamente una pelea con su mujer para tener una excusa para ir a jugar.

EL 70 POR CIENTO SON MENORES DE 35 AÑOS

«Hace años el perfil de jugador compulsivo era el de las tragaperras de bar, pero ahora las apuestas deportivas lideran el ranking», asegura Susana Jiménez, jefa de la unidad de juego patológico del hospital de Bellvitge, en Barcelona. La percepción social que se tiene sobre las apuestas deportivas complica el problema. Están mejor vistas, la sensación de riesgo es menor; incluso se ve como una actividad asociada al deporte.

Las apuestas deportivas, además, permiten operar sin límite de horarios porque en su mayoría se hacen a través de Internet y se puede apostar a medio centenar de deportes y en cualquier lugar del mundo. Además, hay apuestas combinadas, no solo se elige el resultado, sino también el número y el tipo de faltas cometidas, quién marca determinado gol, quién será sancionado…

Las apuestas deportivas complican el problema: están mejor vistas y la sensación de riesgo es menor; incluso se ven como una actividad asociada al deporte

Según el último informe de la Dirección General de la Ordenación del Juego, solo el sector del juego on-line movió el año pasado, en términos de cantidades jugadas, 16 mil millones de euros, y la media mensual de usuarios on-line creció el 12 por ciento. Si se añaden billetes de lotería y cupones, fichas en casinos, cartones en bingos y apuestas de todo tipo, según el Grupo Codere -una de las grandes empresas dedicadas al negocio- la cifra asciende a 41.228 millones de euros en 2017.

Los clientes de los salones de juego son en su mayoría hombres y un 70 por ciento son menores de 34 años. En un estudio de la Dirección General del Juego se indicaban los 21 años como edad media de inicio. Además, reconocía que cerca del 36 por ciento lo hace antes incluso de la edad legal. La mayoría de las veces, las restricciones a menores de 18 años en los casinos y salas de juego no son efectivas. Los chavales saben cómo entrar. O falsifican el documento o utilizan a un adulto para que les haga la apuesta dentro del local. Y cada vez es más frecuente ver casas de apuestas delante de colegios, algo que denuncia la Federación Regional de Asociaciones Vecinales.

ESTRELLAS DEL FÚTBOL PARA ENGANCHAR

Históricamente, una de las recomendaciones que los especialistas hacían a los jóvenes para alejarlos de las drogas es que hicieran deporte. Sin embargo, ahora vemos a los mejores futbolistas del mundo diciéndoles que jueguen e inviertan en el azar. En 2018 se destinaron 168 millones de euros a publicidad del juego on-line. En esta temporada, 19 de los 20 equipos de LaLiga cuentan con un patrocinador relacionado con las apuestas deportivas.

Es precisamente este aspecto del juego, la desorbitada publicidad que se hace de él, lo que provoca más indignación entre quienes ayudan a los ludópatas, más incluso que la apertura de salas y casinos.

Alejandro Landaluce -director general de CeJuego, que agrupa a empresas del sector como Codere, Cirsa o el Grupo Orenes- sostiene que ellos no solo respetan la legalidad vigente, sino que están implicados en las políticas para la prevención de la ludopatía entre sus usuarios. También se muestran a favor de que se regulen las distancias entre los establecimientos de juego y los centros escolares: «Creemos que es la mejor garantía de un desarrollo controlado y sostenible del sector».

¿La ludopatía se puede curar? Los psicólogos consultados tiran de otros términos: rehabilitación, proceso de recuperación…, pero la mayoría coinciden en que no se puede curar del todo. De todas formas, matizan que no se puede generalizar. Y destacan que el trabajo con la familia es clave.

EVITAR OTRA GENERACIÓN PERDIDA

La Asociación Jugadores Anónimos celebró su primera reunión en 1957 en Los Ángeles. Desde entonces, el objetivo de sus asociados es dejar de apostar y ayudar a que otros jugadores compulsivos hagan lo mismo. Actualmente existen alrededor de 38 grupos repartidos por todo el territorio español, aunque se van expandiendo.

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La mayoría llega al grupo al borde del precipicio y con las maletas en la puerta. «Al principio piensas que todo el mundo te va a juzgar por ser un adicto, pero cuando escuchas al resto te das cuenta de que es un proceso compartido y sientes un alivio tremendo», asegura Jordi. Llorar, y «descargar la mochila», como lo llaman, hace que quieras remontar el vuelo.

“Cuando juego, pierdo mi tiempo, mi dignidad y mi dinero. Jugar es de perdedores”, dice Julián, que llegó a estar 30 horas seguidas dentro de un bingo

«Necesitamos colegios, no salas de juego», gritaban en octubre los vecinos del barrio madrileño de Tetuán. Era el grito de esos padres y madres que ven a sus hijos enganchados al móvil vaciar sus cuentas y volverse agresivos. Y no fueron los únicos: en Oviedo, varios colectivos vecinales iniciaron una campaña con el lema: «Fuera casinos de los barrios obreros». Se temen lo peor. «Algunos ya vimos cómo una generación se echó a perder -cuenta Antonio Ortiz, de la Asociación Vecinos Cuatro Caminos Tetuán-. No estamos dispuestos a vivir algo similar a lo que ocurrió en el barrio con la droga hace décadas». La comparación puede sonar exagerada, pero lo cierto es que en Madrid varios de los Centros de Atención a Drogodependientes atienden ahora a ludópatas.

Cuando jugar es como una raya de coca

La adicción al juego ha pasado de considerarse un trastorno de control del impulso, como la cleptomanía, a incluirse en el catálogo de abuso de sustancias del DSM, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, de la Asociación Americana de Psiquiatría. Estudios de neuroimagen demuestran que en los jugadores compulsivos se activan las áreas cerebrales de recompensa exactamente igual que en el caso de adictos a sustancias. Por eso, las organizaciones de rehabilitación de jugadores compulsivos opinan que se deberían utilizar los mismos mecanismos y regulaciones que los utilizados para el alcohol o el tabaco.

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