El nuevo estilo victoriano

El estilo inglés se reinventa. Su consigna: cualquier mezcla es posible… siempre que funcione. La interiorista de moda en Londres Rachel Chudley nos ofrece una clase magistral en este apartamento situado en el barrio de Bloomsbury. Por Ana Cardinale / Fotos: Sean Mayers

Vinculada desde hace tiempo al mundo del arte, la diseñadora Rachel Chudley decidió hace algún tiempo anclarse firmemente en la arquitectura de interiores bajo una premisa básica: la mezcla de épocas y de estilos. En este apartamento, el reconocible estilo de la arquitectura londinense se impone desde la entrada con el suelo de madera de origen, las altas ventanas y las clásicas chimeneas de mármol. Aquí no hay tendencia, sino un juego de muchas épocas y estilos, y se aprecia la diversidad de fuentes en la que la interiorista se inspira; todas ellas, muy sofisticadas. Desde el estilo clásico con reminiscencias victorianas del cuarto o del salón hasta la cocina acogedora donde disfrutar de los fogones con los amigos, pasando por el baño, donde vemos un impresionante armario de los años treinta.

A Rachel Chudley también se la conoce por ser responsable de un nuevo lenguaje en el uso del color. En este apartamento pintó todas las paredes en una base de gris claro, un color que, si bien llama al rigor, también es muy refinado y funciona bien de noche con luces bajas y velas, asegurando que este tono elegante sea un telón de fondo para iluminar sus piezas favoritas. Y, para añadir fuerza en algunos cuartos, tapizó las paredes con motivos florales que dieron un resultado muy escenográfico.

Mezcla de estilos

Los muebles y objetos de decoración crean contrastes deliberados, periodos antagónicos, texturas y materiales se emparejan de manera armoniosa creando efectos potentes, pero sin estridencias. En el salón, por ejemplo, un gran sillón de forma sensual y fabricado a medida crea un diálogo agradable con las butacas de finales del siglo XIX. Así como también la bañera antigua de cobre, colocada de manera casi teatral frente a un gran ventanal.

«Siempre me ha gustado mezclar cosas bonitas con una calidad intemporal, ajenas a las modas. Solo cuenta el resultado, el equilibrio. Poco importan las épocas si los objetos son bonitos», dice entusiasmada Rachel.

«Soy interiorista de profesión, coleccionista por vocación y apasionada del arte», continúa. De hecho, su estudio de East London está compuesto por artistas y diseñadores. Trabaja con el maestro colorista y artista estadounidense Donald Kaufman y juntos crean gamas de colores a medida para sus clientes. «Lo mío no fue premeditado. El paulatino contacto con artistas y galeristas ha formado mi sensibilidad estética y ha forjado mi pasión -cuenta-. Estudié Historia del Arte en el Courtauld Institute of Art de Londres y luego en el Camelback Institute of Interior Design de California». ¿La conclusión después de años de experiencia?: «Que todas las mezclas son posibles con la condición de ser armoniosas», concluye. Y en este apartamento, en el que también dialogan de una pared a otra y de una habitación a la siguiente obras de Andy Warhol, cada detalle forma parte de una fluida puesta en escena, no para ser mirada, sino para ser vivida.

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