Soy músico talludito (Madrid, 1957) y llevo 37 años trabajando con Joaquín Sabina. Publico un libro de poesía, ‘Pociones’ (Aguilar), y estoy de gira con ‘Ruta 52’: el 14 de junio toco en Sevilla. Por Virginia Drake/ Fotografía: Javier Ocaña

XLSemanal. Pociones: poesía urbana e intimista de la buena.

Pancho Varona. Solo juego con las palabras, sin mayor pretensión. El traje de poeta me queda muy holgado.

XL. Poemas al más puro estilo Sabina/Varona, ¿quién tiene más de quién?

P.V. Yo de él, sin duda. Sabina me ha enseñado a contar versos con los dedos y a rimar en asonante y en consonante, me ha enseñado a leer, a escribir, a viajar, a tocar la guitarra… y yo a él no le he enseñado nada, pero le he durado más que todas sus novias juntas [ríe].

XL. Le pone música a sus canciones, es letrista de algunas, dirige sus conciertos y giras, le hace los arreglos, le toca las guitarras, le hace coros… ¿No se harta de estar a su sombra?

P.V. ¡Nooo! Yo preparaba oposiciones al Ministerio de Defensa cuando Joaquín buscaba un guitarrista. Nos conocimos en La Mandrágora y me contrató sin oírme: ¡un héroe! Desde entonces vivo muy feliz a la sombra de un genio: dos metros a su derecha y dos detrás de él.

XL. ¿Usted el ego dónde lo tiene?

P.V. Debajo de este sofá [ríe]. Pero me quiero, me aprecio y me tengo en consideración. No soy tonto, intento ser humilde: no soporto a los sobrados.

XL. En tanto tiempo con Sabina, ¿cuántas veces se han mandado a la porra?

P.V. Pocas, somos muy sensatos. Él dice que seguimos juntos porque no hay sexo. Es un tipo noble, entrañable, generoso, comestible, facilísimo en el trato.

pancho varona

XL. Pero es recordado por sus plantones…

P.V. ¡Ya! Su único defecto es que a veces no aparece en el estudio cuando hemos quedado, pero ese es un pecado venial que luego compensa con creces.

XL. De niño pidió a su madre una bandurria.

P.V. Porque era mucho más divertida que la guitarra. Pero ella se negó, compró la guitarra y me puso un profesor que me enseñaba canciones de la tuna. Lo más moderno que tocábamos eran temas de Karina [ríe].

XL. Su vida dio un vuelco en los ochenta.

P.V. Tierno Galván, del que la gente sensata nos enamorábamos, nos agrupó a todos. Nos lo bebimos todo, nos los fumamos todo y nos lo gastamos todo. teníamos un concepto de la vida ligero porque entonces no había sida, no se sabía si las drogas eran buenas o malas y todo valía. Ahora, a partir de los 50, a todos nos cuesta más componer [ríe].

XL. Pero gira por toda España con Ruta 52.

P.V. Sí, repaso mi carrera en salas de 50 personas, cuento anécdotas sobre canciones que hice con Christina Rosenvinge, Manolo Tena, Luz Casal… y canto otras que hice con Sabina.

Desayuno: con muchas ganas

Desayuno Pancho Varona

 

«Me despierto a las seis y, como no ceno, me levanto con hambre. Tomo un zumo de naranja recién exprimido, jamón york, un café con leche y algo para mojar».

 

 

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