Oviedo, 1934. Soy un escritor que hace cine y publico ‘La musa intrusa’ (Random House). En él cuento anécdotas, imprevisibles incluso para mí, que ponen de manifiesto mi ingenuidad primigenia. Por Virginia Drake / Foto y vídeo: Javier Ocaña

XLSemanal. ¿Ingenuo, usted?

Gonzalo Suárez. Sí. Bergamín decía que «el niño que habíamos sido nos persigue toda la vida y a la vejez nos alcanza». Ese niño nunca me ha perdido de vista: no ha necesitado alcanzarme, nunca he podido rehuirlo.

XL. Pues es un libro inteligente y precioso, de reflexión y nula ingenuidad.

G.S. No me considero ingenuo en la acepción de tonto, pero me ha dado pudor contar ciertas cosas.

XL. ¿Cómo sus experiencias esotéricas?

G.S. Sí, esas cosas se me han escapado de las manos y me siento sobrepasado. Los episodios esotéricos que narro son ciertos, me dejaron alucinado y me causaron estupor. Al final dejé la ouija para recuperar el sentido del ridículo.

XL. Hace continuas referencias al ser y la nada, al ser y no estar, al vivir y morir… ¿reflexiones inevitables a cierta edad?

G.S. Yo me hago esas preguntas desde niño. Lo primero que descubrí fue que estaba atrapado en un cuerpo destinado a morir. Y eso es inquietante.

XL. Se queja de la creciente vulgaridad.

G.S. Porque con la comunicación global se ha expandido. Yo no pretendo reivindicar una aristocracia a la inglesa, pero ahora predomina la horterada y la vulgaridad en casi todo el mundo.

Gonzalo Suárez: "La felicidad expandida en las redes es hortera y ofensiva por ignorar a tanta gente"

XL. ¿La aristocracia está exenta de ella?

G.S. ¡Tampoco! [Ríe]. Sobre todo, esta que conocemos, que exhibe y luce su felicidad sin pudor y que nos muestran lo felices que son cuando tienen un hijo, como si fueran los únicos en el mundo en tener hijos. Esta felicidad expandida es mucho más que hortera y vulgar, es ofensiva por ignorar a tanta gente.

XL. Hollywood, dijo, es el paraíso de los horteras y el purgatorio de los tontos.

G.S. ¡Lo sostengo! [Ríe]. Y tendrán que asumirlo si se miran al espejo. Bueno, hablo de un alto porcentaje, claro. Sam Peckinpah, por ejemplo, odiaba Hollywood y despreciaba los Oscar.

XL. Habla de su amistad con él, un maltratador violento y alcohólico…

G.S. Sí; y yo no aceptaba esa violencia, por eso nos enfadamos. Pero teníamos en común esa mirada de indio apostado en una colina, observando lo que queda atrás y lo que está por venir.

XL. ¿Qué ha aprendido con los años?

G.S. Nada [ríe]. Se dice que se aprende a jugar al fútbol cuando ya no puedes jugarlo; y quizá a ser un amante maravilloso cuando ya no puedes serlo. Se aprende tarde lo que ya no puedes ejercer. Dudo que con la edad se tenga más sabiduría, salvo que la sabiduría consista en eso: en que empieces a saber todo lo que no sabías.

Desayuno: con diamantes…

Gonzalo Suárez: "La felicidad expandida en las redes es hortera y ofensiva por ignorar a tanta gente" 1

«Café, sin leche ni azúcar, y me encantaría mojar en él unos cuantos diamantes con Audrey Hepburn al lado. Al final, solo mojo unas cuantas galletas».