La nueva vida de la ilustración de moda

La ilustración de moda vive su segunda edad de oro. Encumbrada por las redes sociales, la nueva hornada de artistas pasea sus figurines de trazo artesano por el mundo digital, reivindicando esta disciplina como una forma de arte en sí misma. La muestra ‘Fina estampa. Ilustración y moda’ reúne la obra de los creadores más influyentes del sector. Por Raquel Peláez

En un mundo saturado de fotografías perfectas, compartidas en redes sociales para intentar transmitir la idea de vidas igualmente perfectas, los trazos artesanos e irregulares de una ilustración pueden convertirse en lo más exclusivo del momento. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido con los nuevos ilustradores de moda, que están viendo cómo su obra resurge con fuerza en la era de Instagram. «Vuelve a haber dibujos en revistas emblemáticas y las grandes casas de moda se los rifan, pero es en ese otro medio, donde reina el narcisismo del selfie, donde han encontrado más eco los ilustradores de moda», asegura Jesús Cano, comisario de la exposición Fina estampa. Ilustración y moda. Desde el próximo 14 de enero, el Museo ABC de Madrid recoge la obra de varios artistas, herederos de la capacidad expresiva de Carl Erickson o René Bouché.

Es habitual encontrar a estos artistas en el ‘front row’ de las pasarelas garabateando su visión de las colecciones

«Los veintidós maestros contemporáneos que se reúnen en esta muestra no comparten una técnica concreta o una característica común. Unos utilizan lápiz; otros, pincel digital; pero en todos los casos el resultado es una imagen atrayente, elegante y única», continúa Cano.

Cronistas de la alta costura

Es habitual encontrarlos en el front row de los desfiles de Londres, París o Milán garabateando su visión de las colecciones. «Si la fotografía tiene la eficacia de reflejar la realidad, la ilustración es algo más cercano, más emocional, y permite interpretar lo que se ve de manera más subjetiva», apunta el comisario de la exposición. Y, para conseguirlo, tiran de collage, de recortes de papel, de óleo, de lienzo, de tableta… Algunos hubieran congeniado con Cézanne o Gauguin y otros están más cerca de Picasso o Hopper. Unos estudiaron en escuelas de diseño de moda, otros se reinventaron tras una carrera de éxito, e incluso hay quien dibuja como terapia para superar una enfermedad. Pero todos comparten un objetivo: crear la ilusión de una vida social moderna y llevada al nivel más alto de sofisticación y estilo. «Las aguadas o la línea suelta vuelven a ser protagonistas, como ya lo fueron en la primera edad de oro de la ilustración, que podemos situar entre la década de los años veinte y finales de los setenta», asegura Cano. La diferencia es que ahora sus admiradores se cuentan por likes

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