Se lo rifan. Brilla en televisión con ‘Vivir sin permiso’ y ‘Gigantes’, y está a punto de estrenar la película ‘Tu hijo’, en la que encarna a un médico con un hijo en coma tras una paliza callejera. Recuperado él mismo de un infarto al que hoy bendice, Jose Coronado nos abre su corazón en una entrevista cercana y sincera. Por Virginia Drake/ Fotos: Mario Sierra/ Realización: Raquel Peláez

Este mes de octubre, Jose Coronado no pasa inadvertido en nuestra vida de espectadores. El pistoletazo de salida lo dio el estreno de la serie Vivir sin permiso (Telecinco), en la que Nemo Bandeira nos ha atrapado irremediablemente. En el Festival de San Sebastián lo hemos visto presentando Gigantes (Movistar+), una serie de género negro en la que encarna a un patriarca gitano.

Está a punto de estrenar la película Tu hijo, en la que se mete en la piel de un médico honrado que desciende a los infiernos tras la paliza callejera que deja a su hijo en coma. Y, por si le quedaba una tecla sin tocar, lo tenemos también anunciando chocolate en la pequeña pantalla. Narcos, drogas, violencia y manadas: Coronado en estado puro, pese a ser uno de los actores más amables, cercanos y seductores de nuestro cine.

XLSemanal. En ‘Vivir sin permiso’, cuando a Nemo Bandeira le molesta un periodista, pide a su sicario «que le quite las ganas de escribir». 

Jose Coronado. Tienes mi permiso para hacerla, tú me caes bien.

XL. ¡Qué alivio! Porque estoy ante un personaje cínico, frío y temible.

J.C. Absolutamente cínico y muy inteligente. Oír esas cositas que dice Nemo es brutal para los ciudadanos de a pie; pero entre los que se mueven en las altas esferas del poder es el pan de cada día. Estos personajes que tienen tanto poder se creen que están por encima del bien y del mal. No es que se crean dioses, es que lo son y actúan como tales. Y eso no es ficción: existen.

“En mi segunda vida quiero ser absolutamente libre, sin hijos por los que vivir”

XL. Cuando ve que la muerte se aproxima, quiere redimirse.

J.C. Lo que quiere es blanquear sus negocios y convertirse en Amancio Ortega, respetado y reconocido; y, aunque conseguirlo es muy difícil, él lo intenta. Un personaje de estas características es un regalo, un bombón.

XL. Si a Nemo le diagnostican una enfermedad fatal a los 60 años, Jose Coronado sufrió un infarto el año pasado con esa misma edad. Se lo ve como una pera, ¿lo está?

J.C. Muchas gracias [ríe]. Sí, me encuentro muy bien gracias a Dios. El infarto me dio por estrés y fue un aviso que he tenido muy en cuenta.

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XL. Pero si este último año no ha parado de trabajar.

J.C. Era un estrés no solo profesional, también personal, y no me cuidaba lo suficiente. Ahora, me cuido mucho mejor que antes: como mejor, he dejado de fumar… aunque algún pecado sigo cometiendo. La cardióloga me ha dicho que es mejor pecar de vez en cuando que tener ansiedad.

XL. ¡Qué manera de justificarse!

J.C. Pero es que es así. Para mí el infarto no solo fue un aviso, fue una bendición. Gracias a él, ahora me tomo mis pastillas; hago deporte, que antes no hacía; no fumo y antes fumaba…

XL. Vamos que ¡bendito infarto!

J.C. ¡Bendito infarto, sí! Pero yo creo que no hay que darle tanta importancia, porque hay gente con cosas mucho más serias que la que me ha pasado a mí. Como soy un personaje público, la gente, cuando me ve, me pregunta cómo estoy: ¡pues estoy de puta madre!

XL. ¿Le molesta que le haya preguntado?

J.C. ¡No!, ni mucho menos. Yo lo recibo con mucho respeto y con mucho cariño, y te contesto encantado que estoy de puta madre, por supuesto que sí.

XL. No sabemos si ha sido el infarto o el haber cumplido 60 años, pero coincide que desde entonces sus papeles se alejan del típico galán ‘guaperas’ y se acercan más al hombre maduro con muchos más registros. ¿Es una coincidencia o un cambio de etapa?

J.C. Ha podido coincidir, pero está claro que ambas cosas te ponen muchísimo más los pies en la tierra; te hacen reflexionar y ver aquello por lo que es importante luchar en la vida. Los actores tenemos mucha facilidad para soñar y querer seguir siendo el coyote y el zorro… pero a mí el infarto me ha hecho analizar mejor las cosas y darme cuenta de la edad que tengo y aceptarme. Luego, todo eso se traslada también a mi trabajo y, cuando veo el resultado, digo: «¿Por qué no, si hay muchísimos personajes para gente de 60 años y no hay tantos actores de mi edad con los que batirme?».

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Coronado con Jesús Calleja y su hijo Nicolás

XL. ¡Está encantado de ser sesentón!

J.C. Pues sí, los personajes de mi edad tienen mucha más enjundia y madurez y creo que son mucho más interesantes.

XL. Usted sabe que su mirada es su fuerte. Ricardo Franco dijo de un todavía inmaduro Jose Coronado: «Le faltará madurez, sí; pero sabe mirar a una mujer».

J.C. ¡Qué rico, mi querido Ricardo! He tenido la mejor escuela que ha podido tener un actor: la calle. Yo viví a tope la noche y la Movida madrileña y me ‘macé’ mucho. Aprendí muy pronto lo que es la vida de verdad. Empecé tarde en esta profesión, cuando ya había vivido mucho y no era un niño, y esa fue mi suerte.

XL. ¿Desde cuándo empezar tarde es una ventaja?

J.C. Para mí sí lo fue, porque ya no te crees toda la tontería de quienes te dicen lo guapo que eres y lo bien que lo haces todo. Si eso se lo dicen a un chaval de 17 años… pues imagínate.

XL. Es difícil creer que nunca se haya sentido guapo.

J.C. Pues ni me lo creí entonces ni me lo creo ahora ni se me ha subido a la cabeza nada.

XL. ¡Ya! Suena a pose.

J.C. ¡Te prometo que no es una pose! Es agradecimiento a la vida. Cuando yo empecé en esto, ya sabía lo que era trabajar duro para ganarte unos euros a final de mes: de camarero, organizando cursillos de esquí mientras estudiaba o montando una agencia de viajes. Yo me veo normal, me acepto y doy gracias por lo que la vida me ha dado para poder trabajar. Y me miro muy poquito al espejo.

XL. Será que no le hace falta.

J.C. [Se ríe]. ¡Que no!, que me da igual eso: el envoltorio me importa muy poco. Encima, yo trabajo en un medio en el que siempre hay cuarenta ojos pendientes de tu pelo, de tu ropa… Yo tengo que estar a otra cosa.

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XL. Cuando debutó como actor, tenía la misma edad que ahora tiene su hijo Nicolás: 30 años. ¿Nota el cambio de vida?

J.C. Muchísimo. Primero, él es mucho mejor actor que yo a esa edad, más que nada porque lo ha estado mamando desde pequeño con un actor en casa. Mi padre, en cambio, era ingeniero de Telecomunicaciones y no sabía lo que era el mundo de la interpretación. Sin embargo, el problema que él tiene es que hay ocho mil chavales de su edad compitiendo, y encima casi todos son hercúleos y guapísimos.

XL. Bueno, su hijo no se puede quejar porque ha mezclado bien (Coronado-Dominguín).

J.C. Ninguna queja [sonríe]. Además, si lo conoces te das cuenta de que es más guapo todavía por dentro.

“Yo soy feminista, pero de verdad. No de esos de boquilla”

XL. ¿Sigue viviendo con usted?

J.C. Sí, sí, y que sea por mucho tiempo porque somos muy amigos y nos acompañamos mutuamente. Se me cae la baba completamente hablando de él.

XL. Su hija, Candela, tiene 15 años. ¿Adolescente perdida?

J.C. Bueno, mi hija me hace muy feliz. También vive conmigo ahora, pero no lo pongas.

XL. ¡Cómo no voy a ponerlo! Esto es un triunfo como padrazo.

J.C. Bueno, pues ponlo [ríe]. Yo he hecho el ejercicio de educarlos a los dos por igual. Yo soy muy feminista; pero de verdad que hay por ahí mucho feminista de boquilla. A mi hija le he dado los mismos derechos y la he juzgado por el mismo rasero que a mi hijo. Entiendo que tiene los mismos deseos y torpezas que puede tener un chico, aunque muchas veces la procesión vaya por dentro porque las generaciones nuevas se creen que lo saben todo.

XL. Tiene pinta de ser padre blando.

J.C. Sin duda, no sé mandar y procuro pactarlo absolutamente todo. Yo no sirvo para que las cosas se hagan porque lo digo yo, y te aseguro que soy muy feliz viviendo en casa con mis dos hijos.

XL. Ha dicho: «Si volviera a nacer, querría ser un pájaro libre, sin hijos, vivir en Nueva Zelanda y pasarme el día en taparrabos».

J.C. ¡Jajaja! Me han machacado mucho por decir eso, pero es verdad. Y creo que así piensa el 99 por ciento de los hombres y de las mujeres, ¿no? Di la verdad, no mientas.

XL. Pues, bien mirado, a lo mejor sí. Aunque lo del taparrabos…

J.C. [Risas]. Pues claro que sí. Es verdad que los hijos son el motor de tu vida, que te hacen crecer mucho, que te dan lo más maravilloso… pero en mi segunda vida quiero ser absolutamente libre. Yo tengo una profesión que adoro y lo único que me ha condicionado a la hora de disfrutar de ella ha sido el atender a mi familia.

XL. ¿Y por eso quiere vivir sin profesión y como Dios lo trajo al mundo?

J.C. No, no; sin profesión no. Si tú tie-nes hijos [baja la voz y susurra en tono confidencial], dejas de vivir tu vida para vivir a partir de la de tus hijos. Y si no es así, mal; porque no hay nada más horrible que un padre o una madre que no sepan estar a la altura de las circuns-tancias. Yo lo único que digo es que, una vez vivido esto, me gustaría tener otra oportunidad para ver dónde llegaría yo en el trabajo, en la amistad… sin tener hijos por los que vivir. Siendo libre y sin hijos, seguro que cuidaría mejor a mis amigos y haría mejor mi trabajo.

XL. Dicen que le ha dado un punto budista y que su hijo, Nicolás, tiene mucho que ver en eso.

J.C. Sí, sí; admiro mucho el budismo porque más que una religión es una filosofía de vida muy acertada que me aporta cosas muy positivas.

XL. ¿Cada mañana se levanta y hace meditación?

J.C. Cualquier momento es bueno: cada mañana, cada tarde, esperando a que me llamen para rodar, en el coche o antes de irme a dormir con la almohada… Lo importante es pararte un rato a meditar. Creo que el infarto también me ha influido en esto de vivir el momento de verdad.

XL. Da la sensación de que ya ha disfrutado lo que quería y no le importa recoger velas.

J.C. A los 30 años podía haber dicho perfectamente: «He vivido intensamente y ya puedo irme». Y aquí sigo, disfrutando la vida a mis 61, aunque de otra manera.

XL. Asegura que no podría hablar mal de ninguna de sus parejas, porque de todas recuerda los momentos bonitos. ¿Cree que todas ellas podrían decir lo mismo de usted?

J.C. Creo que sí y espero que todas tengan recuerdos bonitos conmigo. Ninguna se ha manifestado en sentido contrario. Yo siempre he intentado poner un punto final con serenidad y hablando las cosas.

XL. Hay que ser un artista para lograrlo, teniendo en cuenta, además, que no han sido ni tres ni cuatro ni cinco.

J.C. Pero es verdad, te lo juro [ríe]. Es mi forma de vivir la vida desde niño. Creo que hay que ser buena persona, ser claro y no engañar. Si la ruptura se hace bien, no es gratuita ni has sido infiel ni le has hecho putadas… yo creo que sí se puede.

“Los políticos mienten porque les faltan cojones. Hacen falta políticos que se atrevan a decir la verdad”

XL. Así que a usted no se le mide por la calidad de sus enemigos.

J.C. Espero que no, porque pienso que no tengo enemigos; no siento a nadie como tal, de verdad. Y creo que eso es lo mejor que tengo, mi mayor tesoro es poder irme de esta vida sin dejar enemigos.

XL. ¿Se relaciona bien con la prensa del corazón, bestia negra para muchos famosos?

J.C. Pues sí, intento tratarlos a todos con educación: primero, porque son seres humanos; y segundo, porque ellos están ayudándome en mi trabajo y yo tengo que corresponder y ayudarlos en el suyo, intento ser legal.

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XL. Hay quienes se sienten acosados.

J.C. Bahhh, esos no saben lo que dicen. A mí me parece un privilegio que alguien se acerque a ti y te entregue su energía positiva, porque te la entrega de una forma tremenda. Yo siento que la gente siempre me ha venido con mucho respeto.

XL. Será porque no ha vendido exclusivas.

J.C. También, empecemos a ver el problema quizá por ahí.

XL. ¿Cuánto tiempo ha durado sin pareja?

J.C. ¿Ehhh? [un poco descolocado]. ¡No lo sé, yo no mido esas cosas! Tengo muchos años y mucha vida por detrás: ha habido épocas de más tiempo y otras en las que la relación duraba menos. Pero estoy muy feliz solo, siempre lo he estado. Creo que, para poder aportar algo bueno a una pareja, tienes que saber vivir solo y ser feliz. No puedes esperar que la felicidad te la dé una pareja.

XL. Dice que le apasiona la política. ¿Le preocupa la deriva que está tomando el independentismo?

J.C. Me preocupa mucho y me da mucha pena. Creo que va a pasar algo muy serio y no me gusta nada. Espero que ese algo no se tiña de rojo, porque cada día se están poniendo las cosas más tensas y esto ya no hay quien lo pare. Creo que hay que pensar en toda esa gente que hay en Cataluña, que es mucha, y que vive horriblemente esta situación. Yo soy un amante de Cataluña, he pasado mi niñez allí y la mitad de mi carrera la he hecho en Cataluña. Mis hijos lo están pasando también fatal porque muchos de sus amigos catalanes ya no les hablan.

“He tenido la mejor escuela: la calle. Viví la noche a tope y me ‘mace’ mucho”

XL. El año pasado dijo: «Me cae bien Pedro Sánchez, pero me decepciona la clase política que tenemos». ¿Esto lo mantiene tal cual?

J.C. Ahora, la clase política me decepciona más todavía y no sabría a quién votar. Tengo mucho desencanto, pero el día que haya que ir a votar lo haré. Me encantaría decir que con Pedro, a muerte; pero no puedo porque, por desgracia, lo están haciendo tan mal como todos. Siempre me he considerado un hombre de centro, porque en los extremos nunca está la verdad. Ahora, no hay ningún partido que me seduzca.

XL. ¿Ahora no ve ningún centro?

J.C. No; de pronto llegan los de Ciudadanos y crees que son ellos, pero no lo son. Veo que se han puesto esa etiqueta, pero eso no es el centro. Además, muchos líderes políticos mienten y los actores calamos muy rápido la mentira.

XL. ¿Son malos actores?

J.C. Sí; el 98 por ciento de ellos miente mal y suena a lección aprendida. Los actores, cuando hacemos de políticos, lo hacemos muchísimo mejor porque estudiamos bien el papel y sabemos jugar con las emociones y con la credibilidad.

XL. ¿Por qué cree que nos mienten tanto?

J.C. Porque están muy sujetos a no perder su escaño, a que gane su partido y a no jugarse el pan que dar a sus hijos. Mienten porque les faltan cojones, joder. Hacen falta políticos que se atrevan a decir la verdad, a ser honestos con sus ideas. La mayoría no tiene los cojones suficientes de decir: «Señores, yo pienso así».

XL. ¡Pues hasta aquí hemos llegado!

J.C. ¡Puf! No sé si he hablado demasiado. A mí me gusta que me pregunten por mi trabajo, que es lo único que sé hacer un poquito bien y de lo que me gusta que se hable de mí; porque yo no soy filósofo ni soy pensador, y lo que yo digo no va a misa porque puedo decir muchas gilipolleces.

Estilismo: José Herrera
Maquillaje y peluquería: Manuel Moreno
Asistente de estilismo: Samuel Sanz
Asistente de fotografía: Yamel Jaltota