La filosofía ha logrado una proeza: ha puesto de acuerdo a nuestros políticos. A todos les parece bien que regrese al bachillerato. Pero la filosofía no quiere limitarse a las aulas. Proliferan los libros de pensamiento. Y son un éxito. Por Fátima Uribarri/ Fotografías: Carlos Luján

«La filosofía es una forma de vida». Así lo ve este profesor de la Universidad de Barcelona que ha logrado convertir sus libros de filosofía en best sellers. Con sus últimos títulos, La resistencia íntima (Premio Nacional de Ensayo) y La penúltima bondad, ha reclutado un ejército de fans, atraídos por sus loas a la vida sencilla y su reivindicación de las virtudes del hogar, el amparo o la generosidad.

XLSemanal. ¿Conviene estudiar filosofía?

Josep Maria Esquirol. Estudiarla con buenos profesores te va a ayudar a pensar de una manera más rica.

XL. ¿Qué es la filosofía?

J.M.E. El interés por las cosas más fundamentales. Filosofía simplemente es pensar. Pero pensar a fondo no es abandonar la vida cotidiana, sino transformarla.

XL. ¿Transformarla, cómo? En sus libros no se habla de revoluciones, sino que hace un elogio de lo cotidiano, el hogar, lo sencillo…

J.M.E. Transformar la vida cotidiana no consiste en hacer cosas extraordinarias. Es vivir la cotidianidad como algo profundo, casi como lo más profundo. Hay mucha banalidad en supuestas aventuras singulares y extraordinarias.

XL. ¿A qué aventuras se refiere?

J.M.E. Una persona puede tener una gran vida espiritual y dedicarse a viajar mucho, pero no hace falta. No hace falta mucho viaje, mucha aventura. No es necesario conocer muchas culturas para tener una gran vida espiritual.

XL. ¿Qué es necesario entonces?

J.M.E. Salir fuera es saludable, pero muchas veces ese salir, ese desplazarse a gran velocidad, es muy superficial. En cambio, si uno vive una vida sencilla y es capaz de captar la hondura que hay en ella, es probable que esa hondura le permita entender mejor la hondura que también late en la vida cotidiana de gente de otras culturas. Lo universal se consigue penetrando y yendo hacia el fondo, no en la superficie.

XL. Ponga un ejemplo.

J.M.E. Si cavas un pozo aquí, a bastante profundidad, te encontrarás con vetas de agua que te van a conectar con gente que bebe de las mismas vetas, aunque esté en lugares lejanos. La profundidad de aquí, sin moverte, te conecta muy lejos. Mientras que quizá, en esa superficie en la que quieres dominar todo y crees conectar, en realidad no terminas de entender nada.

XL. Usted habla de la importancia de ser buena persona. Eso no es nuevo. Se ha dicho de siempre. Sin embargo, sus libros tienen ahora mucho éxito…

J.M.E. Nunca he pretendido ser original. Lo digo en mis conferencias: yo repito lo de siempre.

XL. Tal vez sea que ahora lo de siempre sea lo verdaderamente original.

J.M.E. Efectivamente. Pero para mí lo original es ‘lo básico’.

“Exhibirse no es un problema. El problema es cuando todo es exhibición y no hay un hogar, un sitio sin la luz de los focos”

XL. ¿Lo básico?

J.M.E. ‘Básico’ significa ‘base’, es decir, ‘suelo’. En este momento que hay tanta confusión, la gente se reconoce en lo básico. A pesar de que la confusión aumenta, todavía tenemos un poco los pies en el suelo y, cuando haces un discurso como el mío, conectas con la gente. La partida no está perdida.

XL. Sin embargo, las redes sociales, tanta tecnología… multiplican la confusión.

J.M.E. Pero no necesariamente tiene que ser así. El ser humano es un ser técnico; por tanto, no hay un peligro inherente en nuestro ser técnico. Ahora bien, es obvio que podemos crear un tipo de mundo que facilite la evasión, la confusión y, hoy, la técnica en parte está al servicio de esa confusión.

XL. Los jóvenes cuentan todo de sí mismos en las redes. Es esa sociedad de la exhibición de la que usted habla. ¿Es preocupante?

J.M.E. Yo creo que lo más importante es preguntarse: ¿el tipo de sociedad que hacemos enriquece la experiencia de la vida o más bien la empobrece? La experiencia de la vida no son las vivencias, sino conectar, acercarse a lo profundo. Si el tipo de sociedad que estamos construyendo nos aleja de esas experiencias más profundas, yo creo que lo que se está produciendo es un empobrecimiento de la vida.

XL. ¿Cuáles son esas experiencias más profundas de las que no deberíamos alejarnos?

J.M.E. Cosas como, por ejemplo, lo que antes se llamaba ‘el misterio de la vida’. Esta palabra cada vez me gusta más. Las palabras más importantes están todas con alguna mochila demasiado llena, pero, si fuéramos capaces de vaciarlas de lo que no merecen, son formidables. Ese misterio, que es la vida y la experiencia de su finitud, nos afecta de forma muy profunda.

XL. ¿Y el mundo virtual cómo nos ‘confunde’?

J.M.E. Las pantallas son muy seductoras. Te atraen. Hay una especie de erótica de la pantalla. A principios de los ochenta utilicé una expresión respecto a la que un colega mío me dijo: «Esto suena fatal». Hablé de la ‘pantallización del mundo’. Hay pantallas por todas partes.

XL. ¿Qué efectos tienen?

J.M.E. Por una parte, absorben. Y, por tanto, son evasivas. Porque vivir en la intemperie -que es donde estamos siempre- tiene un punto radical de dificultad. Y se buscan evasiones. Lo que hay que ver es si esa evasión es momentánea (una fiesta, por ejemplo, puede ser una evasión) o constante. Lo que ocurre con las pantallas es que entramos en una evasión permanente. Es como una especie de droga. Tiene ventajas, como cualquier evasión, pero también muchos inconvenientes. Porque lo grave de la vida sigue ahí, no ha desaparecido. Con las pantallas tú crees ‘estar en’, pero no. En el mundo de la pantalla es como si desapareciese la gravedad de la vida.

XL. ¿Y la exhibición constante?

J.M.E. Esta transparencia total parece atractiva, pero al final va a ser inhóspita. Hay una cierta violencia en la transparencia total. Expresarse, exteriorizarse, exhibirse no es un problema; el problema es cuando todo es exhibición y no hay este movimiento de amparo, de protección, de casa, ese sitio de calidez en la penumbra, sin la luz de los focos.

josep maria esquirol (2)

Josep Maria Esquirol ha convertido en superventas sus libros en los que reivindica la vida sencilla

XL. Eso conecta con la importancia del hogar, uno de los asuntos de los que trata.

J.M.E. Esa media luz, esa calidez, yo creo que permite el crecimiento de lo humano. Lo decía Hannah Arendt. la existencia infantil y juvenil requiere espacios protegidos. Un niño siempre expuesto está erosionando sus posibilidades de crecimiento. La exhibición sobre la vida cuando todavía se está formando tiene algo de pernicioso. Como ocurre con cualquier ser vivo, requiere protección, luz tenue, calidez…

XL. En su libro sobre la bondad se habla de la importancia del dar. Pero en la actualidad se construyen muros para no dejar entrar a los que vienen.

J.M.E. Intento no hacer planteamientos en los que se contraste lo que ocurre ahora con lo que ocurría antes. No digo que la compasión se haya perdido. La comparación es entre lo que es y lo que podría ser. En nuestra sociedad hay gente muy preocupada y muy hospitalaria y amable. Hay muy buena gente, muy generosa. Pero es verdad que el conjunto de nuestra sociedad muestra unas maneras muy frías, burocratizadas, egoístas que no se avienen con estos valores más radicales.

XL. Habla usted de generosidad.

J.M.E. Me gusta esta palabra porque tiene que ver con generar. Antes hablábamos de la madurez de las personas. ¿Cuándo una persona es realmente persona? ¿Cuándo el ser humano es realmente humano? Cuando alcanza la madurez; y la madurez se alcanza cuando se ‘da fruto’. Dar es generar ofreciendo. Ahí se refleja la madurez del ser humano. No me preocupa ni me interesa el transhumanismo, lo que me preocupa es cómo ser más humanos.

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