En el confuso mundo digitalizado en que vivimos, el presidente de Telefónica goza de una visión privilegiada. Es una de las personas que más sabe sobre el futuro que nos espera. Con motivo del 95.º aniversario de la compañía, hablamos con José María Álvarez-Pallete. Y tiene buenas noticias. España, asegura, está en condiciones de liderar la nueva Revolución Industrial. Por Fernando Goitia/ Fotografías: Álvaro Ybarra-Zavala

La vida está llena de días inolvidables. José María Álvarez-Pallete, por ejemplo, recuerda aquel en que asumió la presidencia de Telefónica tras estar 20 años en la compañía. Nunca pensó llegar tan lejos, pero allí estaba, solo, en el gran despacho de su antecesor, César Alierta.

Ahora le tocaba a él. Sintió cierto vértigo, nada grave, y enseguida se puso manos a la obra. Sucedió hace ya 3 años y, desde entonces, el gigante español de las telecomunicaciones ha acelerado su transformación. La de una añeja empresa de servicios de voz que es hoy una de las diez mayores compañías mundiales del sector. El futuro, de hecho, es la gran fijación del presidente de Telefónica, el primero en 95 años que llega al puesto desde dentro de la compañía. Por eso está centrado en los retos tecnológicos y sociales que nos depara la cuarta Revolución Industrial, ya en marcha: «La mayor transformación tecnológica que haya conocido el ser humano».

José María Álvarez-Pallete: "Los datos de las personas son como la dignidad: no pueden ser expropiados" 2

Álvarez-Pallete tiene 55 años y entró en Telefónica en 1999. Desde entonces ha ocupado numerosos puestos directivos hasta su nombramiento como presidente ejecutivo.

XLSemanal. Telefónica cumple 95 años en un mundo donde la media de las empresas es de 15. ¿Es una ventaja o una desventaja ante ‘jóvenes’ como Google, Facebook…?

J. M. Álvarez-Pallete. ¿Conoces la película El curioso caso de Benjamin Button? Ya sabes, un hombre que nace anciano y todos a su alrededor envejecen mientras él se hace cada vez más joven… Pues nosotros somos Benjamin Button porque rejuvenecemos; venimos del mundo analógico, pero tenemos una historia con muchas fortalezas que estamos trasladando al contexto digital. Las empresas que mencionas, sin embargo, se están haciendo cada día más mayores.

XL. ¿Insinúa que estos gigantes tecnológicos caminan hacia el declive?

J.M.Á.-P. Para mí son compañías viejas, ya que su modelo de negocio va a ser cuestionado. ¿Hasta qué punto vender datos de los individuos sin que estos lo sepan es sostenible? Yo creo que no lo es.

XL. ¿Cuánto valen nuestros datos?

J.M.Á.-P. Solo sabemos que estas empresas ganan mucho dinero con ellos y yo tengo derecho a saber cuánto valen. Hay que regular eso. Todo el mundo da ‘Acepto’ a un contrato que nadie lee, pero como te dan un buen valor –una red social, un buscador, acceso a productos…– y no sabes lo que valen tus datos, aceptas.

“Las redes sociales son responsables del diseño del algoritmo; por lo tanto, también lo son de que se viralicen las mentiras”

XL. Hay empresas que se han hecho inmensamente ricas con los datos en unos pocos años…

J.M.Á.-P. Por eso se los llama ‘el petróleo del siglo XXI’. Hablamos de compañías con ingresos de publicidad billonarios y creciendo a doble dígito. El valor de mis datos es crucial para ellos porque les permite hacer una publicidad más segmentada. Es lógico que compartan sus ingresos con los usuarios. Para mí, los datos son como la dignidad: no pueden ser expropiados. Son tan míos como mi derecho al trabajo, a la propiedad privada o mi derecho a la libertad. La transparencia debe ser una meta fundamental. Porque hay cosas que pasan en el mundo digital que, como no conocemos o no vemos, no valoramos.

XL. ¿Cómo cuáles?

J.M.Á.-P. Ante unas elecciones, en el mundo no virtual tengo derecho a saber si lo que veo en la tele es un espacio electoral que intenta influir en mi conducta. En las redes sociales, sin embargo, no sé si hablo con una persona o con una máquina que intenta influirme. Y en el mundo analógico, un periódico es responsable de lo que publica, hay un periodista que firma la información…

XL. A diferencia de las ‘fake news’, de las que no se responsabilizan ni Facebook ni Twitter.

J.M.Á.-P. Es que si le preguntas a la red social te dirá que no es un medio de comunicación ni un censor y que debe respetar la libertad de expresión. No obstante, su algoritmo está diseñado para viralizar lo que más circula; y si es una mentira, el algoritmo lo viraliza igual. Por lo tanto, como tú eres responsable del diseño del algoritmo también lo eres de que se viralicen las mentiras.

XL. Dijo que tienen muchas fortalezas para trasladar al contexto digital. ¿Cuáles son?

J.M.Á.-P. Para empezar, sin nosotros lo demás no existe: no puedes comprar en Amazon ni buscar en Google ni usar Facebook o WhatsApp. Mi fortaleza son mis redes de fibra, para 4G y 5G, mi capacidad comercial, mis estaciones base, mis tiendas, mis call centers, mi red de transporte… Por eso te digo que somos Benjamin Button, molamos mucho y cada vez vamos a molar más. Somos un facilitador de la vida digital, aunque la gente no lo valora.

XL. Quizá porque son una empresa de toda la vida…

J.M.Á.-P. Bueno, siempre hemos estado ahí, pero nacimos para vender voz y ya nadie quiere pagar por eso. Aún somos líderes en ese campo, pero la voz se nos muere y nos transformamos en una compañía de datos.

XL. ¿Cuál es la clave de su adaptación al mundo de los datos?

J.M.Á.-P. Las redes. Queremos ser un gigantesco supermercado para vender tecnología, datos. El problema es que estos crecen de forma tan voraz que necesitas nuevas infraestructuras para gestionarlos. Por eso invertimos masivamente en fibra, vital para 4G y 5G. El volumen de datos crece cada año un 50 o un 60 por ciento. ¡Una barbaridad! Por eso hay que ver dónde almacenarlos. Es una de las partes más apasionantes de la tecnología. Ya se habla de almacenar datos en el ADN…

XL. ¿En nuestro ADN?

J.M.Á.-P. Eso es. Hay auténticas maravillas en marcha en el mundo de la bioingeniería.

“Sin nosotros, todo lo demás no existe: no puedes comprar en Amazon ni usar Google ni Facebook ni WhatsApp. Nuestra fortaleza son las redes de fibra”

XL. ¿Qué más podemos esperar de esta cuarta Revolución Industrial?

J.M.Á.-P. La dimensión de lo que viene no se ha vivido nunca en la historia. Será cuatro veces el tamaño de la Revolución Industrial medido en PIB per cápita. Inteligencia artificial, reconocimiento de voz y facial, algoritmos de aprendizaje profundo, descodificación del genoma humano, impresoras 3D, blockchain, 5G…, todas estas tecnologías se retroalimentan entre sí y harán que el mundo de los smartphones no sea más que un aperitivo de lo que viene.

XL. Deme más pistas.

J.M.Á.-P. El tráfico de datos se multiplicará por cinco en 4 años, porque todo lo que puedas imaginar estará conectado y emitirá información. Y eso multiplicará la capacidad de innovación.

XL. ¿Qué es lo que más le impresiona a usted?

J.M.Á.-P. Las innovaciones en medicina. Hasta ahora, para investigar nos remitíamos a nuestras funciones corporales. Te mides la temperatura, la tensión arterial o el ritmo cardiaco. Con el Internet de las cosas, todas estas pasan a ser funciones en permanente monitorización; y las bases de datos que se van a crear pueden solucionar enfermedades hoy sin cura. Toda esta explosión de datos generará mucho conocimiento. La clave está en cómo lo utilicemos.

“Soy muy crítico con la visión industrial de Europa. Sigue regulando sobre coches de caballos en un mundo de autopistas”

XL. Sí, en quién y cómo utilizará esos datos. El ciudadano tiene motivos para sentirse confuso.

J.M.Á.-P. No se puede negar, pero imagina a un ciudadano de a pie en la Revolución Industrial ante los ferrocarriles, los vehículos de vapor, la luz eléctrica… Cada vez que se produce una acumulación de tecnología, el mundo cambia. Política, cultura, arte, economía…

XL. La guerra…

J.M.Á.-P. Claro, también hay un ángulo militar. Por eso debemos extraer lecciones del pasado. En el fondo, la clave no es la tecnología. Esta ha llegado para quedarse, pero ¿será esto bueno o malo? Depende de nosotros. Es un tema de ética y humanismo, de valores.

XL. Europa, por cierto, parece quedarse atrás, sin gigantes tecnológicos, cada país defiende intereses divergentes…

J.M.Á.-P. Y es algo que deriva de la visión industrial de Europa, de la que soy muy crítico. Se sigue regulando para el Antiguo Régimen, se regula sobre coches de caballos en un mundo de autopistas. ¿Cómo puede una potencia mundial tener 450 operadores cuando en EE.UU. o en China hay cuatro? ¿Debemos tener cinco antenas en cada tejado cuando basta con dos? Las otras tres es dinero que deja de invertirse en I+D+i. ¿Qué visión de competencia queremos tener? Porque yo, como operador de telecomunicaciones, estoy regulado, pero compito con empresas digitales que no lo están. Ante estos cambios tremendos, hay que definir la nueva realidad.

XL. Tampoco hay una posición común respecto al veto de Donald Trump al 5G de Huawei

J.M.Á.-P. Bueno, hay que ver en qué acaba todo. Para unos, es parte de la guerra comercial: «Si solucionamos el tema de los aranceles, también lo de Huawei». Para otros, es un tema estructural: «No sé si tus redes me estás espiando».

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Relevó en el cargo a César Alierta, como presidente ejecutivo, el 8 de abril de 2016

XL. ¿Le parece creíble que las redes contengan ‘puertas traseras’, como se dice, o que en los ordenadores haya chips espía?

J.M.Á.-P. Ningún operador que use equipos de Huawei ha reportado nada al respecto. Sería bueno que la asociación de operadores de telecomunicaciones siguiera insistiendo en que no se han reportado incidentes de alteración de la seguridad, porque si todos empezamos a opinar confundiremos a la opinión pública.

XL. ¿Está afectando este asunto al despliegue del 5G?

J.M.Á.-P. Hay que esperar, pero Huawei tiene una importante cuota de mercado y está muy avanzado en 5G; si desaparece los precios subirán y causaría un serio retraso. Eso afecta a toda la ciudadanía. Al margen de esto, el 5G no está listo. Hoy, no te compensa pagar más. Yo creo que las cosas hay que lanzarlas cuando realmente puedes ofrecer un producto distinto, una experiencia nueva de cliente. Y eso tardará.

XL. ¿Quiere decir que quien compra ahora 5G no goza de grandes ventajas salvo presumir: «Soy el primero en tener 5G»?

J.M.Á.-P. Hombre, es un buen reclamo comercial, pero no te cambia mucho lo que puedes hacer. Lo importante es que esta es la primera revolución tecnológica que a España le pilla en liderazgo, con el 80 por ciento de penetración de fibra. Piensa que en Alemania apenas hay un 8 por ciento. ¡Es diez veces más! Somos el tercer país en penetración de fibra, detrás de Japón y Corea. Hay más fibra en España que en Reino Unido, Alemania, Francia e Italia juntos. Más que en EE.UU. o en China.

XL. Por favor, no me diga a quién se lo debemos…

J.M.Á.-P. [Sonríe]. Sobre todo a Telefónica, que ha forzado a los demás a invertir. No nos damos cuenta, pero ¿qué puedes comprar por 2,35 euros al día? Yo te lo digo: un desayuno de zumo, cruasán y café…, o también 600 megabites simétricos de velocidad de conexión a tu casa, dos líneas móviles de 8 gigas cada una y 60 canales de televisión. Si mañana se cae la red, entenderás lo que valen esos 2,35 euros. Porque, intenta vivir un día sin datos…

XL. Desde luego estamos enganchados a los datos…

J.M.Á.-P. Sí, bueno, no me refería a eso. Yo lo subrayo en un sentido positivo. Nuestra misión es hacer un mundo más humano conectando la vida de las personas.

XL. Eso dicen los gigantes de Internet: «Queremos un mundo mejor», mientras hacen negocio con nuestra privacidad…

J.M.Á.-P. Pero nosotros somos transparentes y, además, no vendemos eso. Para empezar, me pagas por un servicio. Considero, además, que los datos que dejas en mi red son tuyos y, aunque no estoy regulado en ese asunto, me he autoimpuesto unas normas y te doy ‘superpoderes’. El primero es que sepas qué información tuya tenemos. El segundo es protegerla. Y el tercer ‘superpoder’ es que tú decides qué hacer con ello. Puedes ingresarlo en una start-up de blockchain para venderlo, puedes portarlo si te vas a otra compañía… Queremos que esto sea un estándar, que se extienda.

XL. Pero ¿qué datos monetizan?

J.M.Á.-P. Hay tres niveles. El primero son los individuales, sagrados. Puedes bloquearlos y nadie los utiliza. El segundo son los insights: ¿cuántas personas de entre 35 y 40 años van por las mañanas desde Alcobendas a Madrid? Sin desvelar tu identidad, eso es útil para el Ayuntamiento o los anunciantes y puedo monetizarlo. Y el tercer nivel son datos a lo bruto: ¿cuántos clientes de tal perfil hacen tal cosa? Esto también podemos aprovecharlo. Ahora bien, en el momento en que haces clic a «no quiero que mis datos sean utilizados», se acabó. Y eso debería ser un derecho reconocido. Los datos son el nuevo factor de producción y tienen un valor.

XL. ¿A qué se refiere?

J.M.Á.-P. Antes de la Revolución Industrial solo existía un factor de producción: el capital. Si tenías tierras y propiedades, eras rico. Y el que no, trabajaba a cambio de cobijo y sustento. «Te doy de comer, te doy un techo y, si hay guerra, te acojo en mi castillo». A la gente le parecía un trato justo porque no tenía ni idea de lo que valía su fuerza de trabajo.

XL. Y eso cambia con la Revolución Industrial…

J.M.Á.-P. Cuando surge el factor trabajo. De pronto, puedes decidir que, si no te gustan las condiciones laborales que te ofrecen, te vas a la fábrica de enfrente. Antes no me podía ir a otro castillo, ahora sí. Con lo cual ya tenemos capital y trabajo. Y ahora, con la aparición de los datos, hay que rehacerlo todo. La Revolución Industrial se encauzó dando derechos a los trabajadores, y ahora hay que redefinir otro contrato social para los nuevos tiempos.

“La clave de la revolución tecnológica es cómo distribuimos la riqueza. Y más nos vale hacerlo bien porque, si no, los que se sientan excluidos reaccionarán”

XL. ¿Se quedará en la cuneta parte de la población activa?

J.M.Á.-P. Lo primero es que todo esto va a generar trillones de euros de valor. La clave de que ocurra bien o mal depende de cómo distribuyamos esa riqueza, porque aquellos que se queden atrás se considerarán excluidos y reaccionarán. Es decir, por ética y por pragmatismo, debemos decidir cómo queremos que esto se reparta.

XL. ¿Está a favor de medidas como una renta básica?

J.M.Á.-P. Debe haber un esquema de protección para la gente que no consiga capacitarse para esta nueva economía, para los que ya son mayores, por ejemplo. Creo profundamente en los elementos de protección social.

XL. Habrá que subir impuestos…

J.M.Á.-P. Siempre debe pagar más quien más tiene, pero es que el sistema impositivo está pensado para el siglo pasado. Y lo aprovechan estos gigantes de Internet que ganan dinero en España y tributan en Irlanda o Luxemburgo. El debate sobre la fiscalidad digital y la propiedad de los datos nos ayudará a financiar la Seguridad Social que vamos a necesitar para este modelo de disrupción.

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XL. La revolución tecnológica también será educativa. ¿Cómo ve que se eliminen de los currículos asignaturas como Filosofía?

J.M.Á.-P. Mal. La formación y la educación serán esenciales, pero no hay que formar a todos los chavales que podamos en Matemáticas, Física e Ingeniería. Hacen falta filósofos, sociólogos, economistas o abogados para el mundo digital porque serán claves para diseñar ese nuevo contrato social. Y, desde luego, formación profesional.

XL. ¿Es el fin de las universidades?

J.M.Á.-P. La forma de enseñar va a ser revolucionada porque seguimos enseñando como se enseñaba en el siglo XVIII: con aulas, pizarras, memorizando… Nosotros ya hemos empezado a hacer ruido con temas de formación profesional al traer la Escuela 42 a España, que es una nueva forma de formarte.

XL. ¿Qué cambios ha propiciado usted en estos tres años al mando?

J.M.Á.-P. Ya hemos cruzado el Ecuador de esta transformación y digitalización de la que te hablo, pero, sobre todo, la aplicación de inteligencia artificial a las redes de telecomunicaciones. Estamos más cerca de ser la compañía que aspiramos a ser.

XL. Imagine Telefónica en 2025…

J.M.Á.-P. En 2025 debemos tener las redes más potentes y las más inteligentes, con unos sistemas que sean los más digitales. Una red que piensa y se anticipa a lo que tú necesitas de forma sencilla. Esa es la compañía que queremos ser.

XL. Quiere que dependamos de Telefónica para todo…

J.M.Á.-P. Bueno, eso quiere decir que todo el futuro de esta revolución pase por las redes de Telefónica, sí. Queremos ser mucho más relevantes de lo que somos para la gente en estos momentos.

XL. Un poder tremendo que –cito al tío de Spiderman– «conlleva una gran responsabilidad».

J.M.Á.-P. [Sonríe]. Sí, pero recuerda que no es la primera vez que estoy en esta situación. Y que lo que digo lo cumplo. En Telefónica somos expertos en ver el mundo que viene. Estar a la altura de la historia de la compañía y responder a la mayor revolución tecnológica de la historia es mi gran reto.

XL. Crecen sus ingresos, sus beneficios y su resultado operativo; reducen deuda y ofrecen un dividendo atractivo, pero su acción no responde. ¿Por qué el inversor no lo ve claro?

J.M.Á.-P. El inversor opina que necesitas invertir mucho dinero, que el regulador te va a jorobar porque sigue pensando como en el siglo pasado, que estás en América Latina, donde las divisas fluctúan y tienes mucha deuda… Por lo tanto, este sector mejor no mirarlo.

XL. ¿Y qué va a pasar?

J.M.Á.-P. Mira, con los móviles todos enterraron a las compañías de fijos y mira tú si estamos muertos. Son ciclos, hasta que se aclaran las cosas, pero vamos hacia arriba, como sector y como compañía.

XL. No cree que el valor de la acción sea el real…

J.M.Á.-P. No refleja nuestras fortalezas porque Telefónica es hoy más fuerte que hace 4 años. La acción reaccionará porque esto tiene mucho valor.

XL. Con 356 millones de clientes en 16 países, están entre las diez primeras tecnológicas del mundo. ¿Cuál ha sido el gran cabo de Hornos en estos 95 años?

J.M.Á.-P. El gran cambio de rumbo fue cuando Telefónica, en 1988, decide ser una multinacional e invertir en América Latina. Nos siguieron todas las grandes empresas, pero en aquel momento nadie lo entendió. «Oiga, invierta en España, no en otros países». Fue una decisión tremendamente valiente y, de no haberla tomado, nada sería lo que es hoy.

XL. ¿Siente que los españoles no aprecian mucho sus propias multinacionales?

J.M.Á.-P. Se nos valora poco, sí, pero es que Telefónica genera una actividad de 53.000 millones de euros de valor adicional al PIB en los países donde opera, 1,2 millones de empleos directos e indirectos y paga unos 10.000 millones de euros en impuestos: 21 euros de cada 100 que facturamos van al Estado. Las empresas somos necesarias y generamos riqueza y bienestar. Ahora bien, debemos hacer nuestra labor con transparencia, ética, honestidad…

“Yo gano lo mismo que hace 7 años, cuando era consejero delegado. No me he subido el sueldo y me considero muy bien pagado”

XL. A esa percepción no ayudan las retribuciones e indemnizaciones astronómicas a directivos…

J.M.Á.-P. Es bueno que se hable de esto. Nosotros, desde luego, somos supertransparentes. Yo gano lo mismo que hace 7 años, cuando era consejero delegado. Y me considero muy bien pagado. La remuneración del Consejo ha bajado un 20 o un 25 por ciento en los últimos 4 años. Primero porque la acción no ha ido bien y segundo porque hay que mandar un mensaje. En todo caso, deciden los accionistas.

XL. Dijo que España es líder en fibra óptica. ¿Lo aprovecharemos?

J.M.Á.-P. Eso espero. Nos podemos quejar de muchas cosas, desde luego, pero nunca hemos tenido una posición de partida tan favorable para una revolución tecnológica de esta magnitud. Es que no somos conscientes de qué país tenemos. En 40 años, el PIB per cápita se ha multiplicado por 15. Al Reino Unido eso mismo le costó 118 años. Hemos multiplicado por 15 el gasto en educación y en sanidad, por 8 el número de universitarios, 7 millones de mujeres se han incorporado al mercado laboral…

XL. Liderar requiere consensos. Pero este es un país con los nervios políticos a flor de piel…

J.M.Á.-P. Tal vez, pero ya se hizo cuando murió Franco. Al final, todos estuvieron de acuerdo en construir una democracia plena y entrar al Mercado Común. Yo tiendo a ser positivo y creo que toda esta fricción traerá algo bueno. ¿Qué ha hecho avanzar a España en estos 40 años? Un contrato social del que todos nos hemos sentido parte. ¿Qué quiere ser España en 40 años? Debemos decidir qué visión de sociedad queremos. Y diseñarla.

XL. ¿Con cuántos políticos habla de estas cuestiones?

J.M.Á.-P. Bueno, Telefónica no es un sujeto político y no nos compete opinar de ello. Solo digo que tenemos una gran oportunidad. El resultado de las urnas ha sido legible y lógico, de seguir por la vía por la que nos ha ido bien. Aunque persistan problemas como el de Cataluña, en otros países discuten si pertenecer a la UE o ven crecer a la extrema derecha. Así que, por favor, señores, solucionemos de una vez lo que hay que solucionar y centrémonos porque nuestra agenda puede ser de mucho mayor impacto si nos damos un marco de estabilidad, ya que nadie está mejor preparado que nosotros para la cuarta Revolución Industrial.

XL. Quiere que España escriba las reglas del juego del futuro…

J.M.Á.-P. Exactamente. De los próximos 50 o 100 años. Pongamos España a la cabeza en debate social, fiscalidad digital, educación en el mundo de la inteligencia artificial, biomedicina… Quiero ver a mi país liderando debates mundiales porque está preparado para ello.

XL. ¿Recuerda el día en que supo que presidiría Telefónica? ¿Le dio vertiguillo?

J.M.Á.-P. Mucho. Cuando te lo dicen, te entra un… Y mira que yo sé bien dónde me metía, que llevo 20 años aquí, pero jamás te imaginas de presidente, sobre todo porque nunca hubo uno que viniera de dentro.

«Trabajo con el mismo equipo desde hace años y eso, ahora que soy presidente, ayuda mucho. En el Comité Ejecutivo (abajo) hay varias nacionalidades y, cuando he de decidir sobre la subasta de espectro en Alemania, ir más rápido en fibra en Brasil o lanzar Fusión en España, me siento arropado». 

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Comité ejecutivo: de izquierda a derecha (arriba): Enrique Lloves, Christian Gebara, Pablo de Carvajal, Emilio Gayo, Markus Haas y Mark Evans. Segunda fila: Bernardo Quinn, Eduardo Navarro de Carvalho, Guillermo Ansaldo, Chema Alonso, Alfonso Gómez Palacio y Marta Machicot. Abajo: María García-Legaz, Laura Abasolo, Ángel Vilá y Mariano de Beer

XL. ¿Nunca se lo planteó?

J.M.Á.-P. Jamás. La vida te lleva… Mira, ayer me dieron el Premio a Directivo del Año y en mi discurso dije: «¿Cuántas posibilidades había de que mis padres se conocieran? ¿Cuántas había de que tuvieran una segunda cita? ¿Cuántas de que yo fuera concebido? ¿Cuántas de que yo estudiara el colegio y la carrera? ¿Cuántas de que yo entrara en Telefónica? ¿Cuántas de que yo fuera presidente de Telefónica? Y ¿cuántas de que me dieran este premio? Es una sobre 960 cuatrillones». El que piense que se lo merece es que tiene un ego no desdeñable.

XL. ¿Qué descubrió al empezar su mandato?

J.M.Á.-P. Yo pensé que comprendía al presidente porque siempre había trabajado cerca de él. «Por supuesto, lo entiendo». En realidad, no tenía ni idea [se ríe]. Ahí empiezas a entender lo que implica ser presidente.

XL. ¿Su puesto lo obliga a estar conectado todo el día?

J.M.Á.-P. Para mí, tener tiempo de calidad con mi mujer y mis hijos es fundamental. Llevo 25 años casado y tengo la suerte de que llego a casa y nos entendemos con solo mirarnos. Y, si puedo, salgo, corro y desconecto. Los fines de semana solo trabajo si es absolutamente necesario. Mis padres han estado enfermos, dedicarles tiempo. Y Telefónica te lo permite.

“Llevo 25 años con mi mujer y tengo la suerte de que llego a casa y con solo mirarnos nos entendemos”

XL. Los grandes popes de Silicon Valley restringen Internet a sus hijos. ¿Usted a los suyos?

J.M.Á.-P. Yo tengo tres, de 23, 21 y 17 años, les explico este nuevo mundo y les intento despertar el interés sobre el que viene. Son buenos estudiantes, tienen claros los principios y valores; siempre hicieron deporte, tienen buenos amigos; su vida es bastante ordenada y se quieren buscar la vida por sí mismos.

XL. En la Junta de Accionistas citó a Hemingway: «En las encrucijadas decisivas de la vida no hay señales indicadoras». ¿Tiene tiempo para leer?

J.M.Á.-P. Me encanta la literatura y la historia y siempre pensé que nunca me pasaría al digital, pero leo en Kindle, por los viajes. Me he leído cuatro veces la trilogía de Napoleón de Max Gallo, son tochos, pero llévatelos.

XL. Tiene carrete para rato, pero ¿habrá algún día una mujer al frente de Telefónica?

J.M.Á.-P. A mí me gusta mi trabajo y mientras los accionistas piensen que soy válido seguiré, pero seguro que habrá alguna mujer en mi puesto algún día. El 38 por ciento de la plantilla son mujeres y en estos 3 años hemos pasado del 16 por ciento de ejecutivas al 25. Y queremos llegar al 30, como poco. No imponemos cuota, pero buscamos talento femenino.


95 años de historia: de la voz a los datos

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«Telefónica nació en 1924 como una concesión de la americana ITT –relata su presidente–. Nuestra sede social en Gran Vía fue el primer rascacielos de Europa y está construida con vigas de acero, como los de Nueva York. La compañía cotizó en Bolsa desde el primer momento y hoy cuenta con 1.300.000 accionistas».

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“ImagenSubliminal (Miguel de Guzmán + Rocío Romero)”

En 2008, la empresa se trasladó al Distrito Telefónica, en Madrid, una miniciudad de 370.000 metros cuadrados donde trabajan 12.000 personas.

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