Mate Rimac tenía 22 años cuando inventó un motor eléctrico y ganó con él una carrera a un superdeportivo de Tesla, la empresa de Elon Musk. Nueve años después, este refugiado bosnio está redefiniendo el concepto de coche eléctrico y, de paso, transformando la industria del automóvil. Por Tom Whipple/ Fotografía: Tom Jackson

Hace nueve años tuvo lugar en las calles de Zagreb una carrera de coches. Uno de los participantes conducía el Tesla Roadster fabricado por Elon Musk. El supercoche más avanzado del planeta, el resultado de una inversión de decenas de millones de dólares y trabajo de cientos de ingenieros. Según Musk, el coche más rápido del mundo.

El otro vehículo era un BMW de 26 años conducido por un bosnio, antiguo refugiado de la guerra en los Balcanes, que lo había convertido en eléctrico por la simple razón de que no podía pagar un nuevo motor de gasolina después de haber reventado el anterior. La decisión de optar por el motor de una carretilla elevadora, con el tiempo, iba a cambiar su vida.
Ese día, los dos automóviles salieron de la línea de salida, aceleraron y el BMW, cuyo chasis tenía cuatro años más que su propietario, venció con facilidad.

Un día reventó el motor de su coche y, como no tenía para uno nuevo de gasolina, inventó su propio eléctrico

Sabemos qué fue de Elon Musk desde entonces. Pero ¿qué pasó con el hombre que le ganó, Mate Rimac? También le fue bastante bien. Lo más probable es que hayas visto coches con sus baterías, aunque no lo sepas. Tras la boda de los duques de Sussex, los recién casados se marcharon al convite a bordo de un Jaguar E. El chasis era el clásico de los años sesenta, pero bajo el capó había un motor íntegramente eléctrico. Y lo mejor de todo: el Jaguar E original de gasolina acelera de 0 a 100 kilómetros por hora en 6,8 segundos. Esta versión lo hace en 5,5 segundos.

Mate Rimac, el hombre que desafía el poderío eléctrico de Tesla y ha transformado la industria del automóvil

Los duques de Sussex se dirigen al convite tras la boda en un Jaguar E con motor eléctrico diseñado por Rimac

En Jaguar estaban más que contentos de llevarse el mérito, pero un empleado se fue de la lengua y contó que las entrañas del bólido eran obra de Rimac. Desde ese día empezaron a lloverle pedidos y dinero de inversores. En 2018, Porsche compró el 10 por ciento de la compañía por 18,5 millones de euros; a principios de este año, Hyundai ha adquirido su propio paquete de acciones por 62 millones. Es decir, mientras Musk conseguía hacer que el coche eléctrico fuera rápido y ‘guay’, Rimac se las arregló para hacer que fuera aún más ‘guay’ y más veloz.

Rimac quiere dejar una cosa clara. Él no hace coches eléctricos para salvar el mundo. Los hace porque para él es la forma de que sean mejores. «Soy un loco de velocidad. Me obsesionaba la idea de fabricar coches muy rápidos». Tampoco quiere que se lo compare con Musk, a quien no quiere conocer en persona hasta que su propia compañía haya crecido lo suficiente. «Ojo, soy un admirador suyo. Elon ha creado una corporación que hoy tiene 30.000 empleados, está fabricando cohetes para ir a Marte, está haciendo cosas increíbles… Nosotros no hemos logrado ni el uno por ciento, así que no me parece adecuado que mencionen mi nombre junto al suyo, es una falta de respeto para con Musk».

Nos hallamos en un pequeño polígono industrial en las afueras de Zagreb. A Mate Rimac siempre le apasionaron los coches. Cuando era pequeño y le daba una rabieta, su madre lo subía al Volkswagen escarabajo de su abuelo para tranquilizarlo. No tardó en aprender a manejar aquel cacharro.

Refugiado de guerra en el paraíso del automóvil

Por supuesto, a muchos niños les gustan los coches. Sin embargo, pocos tienen tan pocas oportunidades de verlos. «Bosnia es quizá el país más pobre de Europa. Y Livno, mi ciudad, es la más pobre de toda Bosnia. Las carreteras son de grava. Si tienes suerte, pasa un coche una vez al día».

De pronto, estalló la guerra de Bosnia y la familia escapó a Alemania. Su padre se puso a trabajar como peón. Pero al pequeño Mate Rimac no le importó el cambio. Todo lo contrario. Su nueva existencia le resultaba una locura. «Veías coches por todas partes».

De chaval, Rimac había oído hablar de otro ingeniero balcánico. Nikola Tesla -al que los coches Tesla deben su nombre- nació en Croacia. Tesla fue quien desarrolló el motor eléctrico de corriente alterna. «Me fascinaba. Me preguntaba por qué nadie usaba un motor eléctrico para los coches. Se me ocurrió una idea disparatada, hacer lo imposible y construir un coche eléctrico de carreras».

Las baterías de Rimac no son diferentes de las de un híbrido. La clave es el ritmo al que liberan la energía

Después de vivir un decenio en Alemania, la familia se trasladó a vivir a Croacia. Rimac dice que «regresaron», pero se corrige al instante. Los bosnios de habla croata pueden sentirse croatas, pero los croatas de nacimiento no siempre están de acuerdo. En el colegio lo pasó mal. «Consideran que los bosnios son… Bueno, la gente les tiene manía irracional. Además, yo hablaba con el acento de una abuela bosnia».

Dejaron de considerarlo un palurdo cuando vieron que ganaba concursos internacionales. Su primer invento fue un guante que hacía las funciones de un teclado con su ratón. Lo presentó en un concurso internacional celebrado en Corea del Sur y obtuvo la medalla de oro. Su segundo invento fue un retrovisor adaptable que cubría los puntos ciegos desde un vehículo. El artilugio le reportó el dinero suficiente para comprarse su primer coche al cumplir los 18 años. un BMW fabricado en 1984.

El coche y la carretilla

«Los coches me volvían loco -cuenta-. Y me dio por conducir a toda velocidad». Con malos resultados. «El motor reventó». ¿Qué podía hacer?, se dijo. No tenía dinero para renovar el motor. «No me llegaba la pasta, así que probé con los componentes de una carretilla elevadora. Tenía un motor de carretilla, unas viejas baterías, piezas electrónicas…». Dos años después, su coche destartalado venció al Tesla. ¿Cómo se explica?

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TESLA ROADSTER 2.0 VS. RIMAC CONCEPT TWO

El nuevo deportivo de Tesla (izquierda) será, dice Musk, el más rápido del mundo y el de mayor aceleración y autonomía. 1000 km. Estará listo en 2020.
El de Rimac (derech) también se anuncia como el más rápido y potente del mundo. Con una autonomía, eso sí, de 650 km. Lo veremos en 2020.

Suele pensarse que lo importante de una batería es que sea capaz de acumular mucha energía. Cuantos más kilovatios por hora tenga, mayores trayectos podrá cubrir el coche y mayor será la probabilidad de que los usuarios la escojan como alternativa a la gasolina. Es una verdad a medias, una afirmación fidedigna si hablamos de un coche híbrido estándar, que emplea la batería para los recorridos urbanos, pero que utiliza el motor de gasolina cuando entra en la autopista y necesita más potencia.

Sin embargo, las cosas son al revés en un Aston Martin Valkyrie con baterías Rimac. El motor de gasolina es el de un cochazo convencional. Hasta ahí, nada nuevo. Lo que convierte al Valkyrie en un hipercoche es que cuando la velocidad del motor de gasolina no resulta suficiente es cuando entra en juego la batería eléctrica, que te proporciona un silencioso acelerón instantáneo.

La batería que obra estas maravillas no tiene una capacidad muy diferente a la de cualquier híbrido de tres al cuarto. La diferencia está en su potencia, en el ritmo al que libera dicha energía. Fue lo que Rimac descubrió al trastear con un motor de carretilla elevadora y un BMW con más años que Matusalén. Descubrió que había encontrado un método de extracción de energía muy pero que muy rápido.

“Mis amigos dejaron sus empleos para trabajar con un niñato de 22 años en un coche fantástico. De locos”

Hubo quien se fijó en su invención, como un agente al servicio de la familia real de cierto país de Oriente Medio. Este hombre habló con él y le preguntó si tenía más ideas novedosas. De tenerlas, la familia real podría estar interesada en invertir dinero en ellas. Rimac las tenía. Le mostró unos dibujos. «Le dije que se trataba del Concept One, el coche eléctrico más potente y exclusivo del mundo. Al día siguiente me llamó y me dijo que querían comprar dos coches. Respondí que gracias, pero no tenía dos coches que venderle. Esos dos coches no existían. Volvió a llamarme un día después y me preguntó cuánto dinero necesitaba». Corría diciembre de 2010. Rimac reservó un espacio en la feria del automóvil que iba a tener lugar en Fráncfort el otoño siguiente. Con la idea de exponer un coche del que todavía no tenía ni una sola tuerca.

«Convencí a unos cuantos amigos para que dejaran sus empleos y se pusieran a trabajar para un niñato de 22 años en un garaje para construir un coche fantástico. La idea era de locos».

De locos, sí. La cosa parece aún más demencial si tenemos en cuenta que todos y cada uno de los millares de componentes de ese automóvil los manufacturaron por su cuenta.

Tan rápido como un caza

El coche que fabricaron, partiendo de cero, fue el Concept One. En su momento se dijo que era el automóvil, al margen de los de competición, con mayor velocidad de aceleración en el mundo, ya que pasaba de 0 a 100 tan deprisa como un caza.

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Richard Hammond, célebre personaje televisivo, estrelló un Concept One. Solo se rompió la rodilla, pero el accidente -admite Rimac- puso en riesgo la financiación para el Concept Two.

Todo parecía que iba a despegar cuando llegó «la gran cagada», en sus propias palabras. Un famoso presentador británico, Richard Hammond, sufrió un serio accidente a bordo de un One Concept cuando grababa un programa en Suiza. El periodista pudo abandonar el coche justo antes de que se incendiase.

¿Qué sintió al ver que el Concept One salía volando sobre un prado suizo y se estrellaba contra una ladera? «Cuando pienso que las cosas van mal, me acuerdo de eso y me digo que siempre pueden ser peores. Todo nuestro negocio estaba cogido con pinzas. En cualquier momento podíamos venirnos abajo. Y, de pronto, esto». Rimac llevaba un año tratando de convencer a inversores potenciales y en aquel momento estaba a punto de cerrar un trato que garantizaba la supervivencia de la compañía.

«Era sábado, me encontraba con un par de colaboradores, y uno de los empleados me llamó. Se había producido un accidente. ‘Hammond ha salido con vida, pero el coche está en llamas’. Me quedé sin habla. Envejecí diez años. Es increíble que pudiésemos superar lo sucedido».

Pero lo hicieron. En 2020 se lanzará el Concept Two, cuya producción no rebasará unos cuantos centenares de unidades. Cada una saldrá por algo más de 1,6 millones. También se pondrá en los 100 kilómetros casi un segundo más rápido.

«Este nuevo coche es la obra de 500 personas, en lugar de diez -indica Rimac-. Ahora tenemos un presupuesto de verdad, tenemos inversores, contamos con fondos disponibles y con las máquinas precisas para hacerlo todo bien. El trabajo de ingeniería es casi mil veces mayor».

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